Uno de los libros que he leído durante el periodo de confinamiento ha sido…

¿Cómo aprendemos? Una aproximación científica al aprendizaje y la enseñanza, de Héctor Ruíz Martín.

¡Una joya de libro, tremendamente recomendable!

Las últimas semanas, mientras leía el libro, le comenté varias veces a María:

¡Este libro debería ser de lectura obligatoria para cualquier docente!

¡El 50% del temario de cualquier oposición docente, independientemente del nivel de enseñanza al que se oposite, debería versar sobre lo que en este libro se escribe!

Tal y como avanzaba en la lectura me iba convenciendo de esta afirmación. Te lo recomiendo sinceramente, creo que su lectura es imprescindible para cualquier docente. Pronto me di cuenta que este libro se merecía una lectura pausada. Una de esas lecturas que conviene hacer con tu bloc de notas al lado.

Pues bien, durante las próximas semanas mis post se centraran en desgranar este fantástico libro.

Antes de empezar, reitero mi más sincera enhorabuena a Héctor Ruíz. Lo que leerás durante las próximas semanas en mi blog serán anotaciones e interpretaciones personales. Puedes tomarlas como pequeños resúmenes, pero te recomiendo que te dirijas a la fuente, bien antes de leer mis resúmenes/interpretaciones o bien después, pero no dejes de tener un ejemplar de ¿Cómo aprendemos? en tu librería. En ningún momento pretendo que mi sesgo cognitivo condicione tu interpretación del libro.


Índice del libro.

Nota: de forma progresiva, tal y como publique los post, los enlazaré con este índice.


Introducción.

La introducción se inicia con una muy acertada cita del HERBERT A. SIMON:

El aprendizaje es el resultado de lo que el alumno hace y piensa y solo de lo que el alumno hace y piensa. El profesor solo puede promover el aprendizaje influyendo sobre lo que el alumno hace y piensa.

Aprender, igual que ver, es algo que nuestro cerebro hace continuamente, queramos o no. Se trata de una afirmación que realiza Héctor Ruíz, con la que coincido plenamente, y seguro que tú también; aunque no queramos, aprendemos; aunque no acudamos a la escuela, aprendemos; aprender va con nosotr@s. El cerebro ha evolucionado, entre otras cosas, para ello, para aprender!

En la introducción se resalta que el aprendizaje ocurre en el cerebro del sujeto que aprende, y por tanto, el protagonista es el alumnado (no el profesorado). El autor indica también que la enseñanza es el modo más efectivo de promover el aprendizaje. Sin embargo, el docente no genera el aprendizaje, solamente puede ofrecer las circunstancias óptimas para que éste se produzca e incentivar al alumnado para que se enfrasque en realizar las acciones que lo conducirán a alcanzarlo.

El hecho de conocer las circunstancias óptimas para incentivar el aprendizaje, nos convertirá en mejores docentes.

Enseñar es ayudar a aprender.


La ciencia de cómo aprendemos.

Héctor Ruíz nos define varios conceptos con la finalidad de presentarnos el método científico como el mejor camino para discernir entre lo que funciona y lo que es fruto de nuestros sesgos cognitivos. Veamos cuáles son estos conceptos:

  • La experiencia personal y los sesgos cognitivos. No percibimos las cosas tal como son, pues el cerebro procesa la información sensorial y la “ajusta” antes de situarla en nuestra consciencia, lo cual provoca “sesgos” que influyen en nuestra manera de entender el mundo, razonar y tomar decisiones. Estos sesgos NO están directamente relacionados con nuestras preferencias o gustos o con nuestras ideas éticas o morales. Es decir, nuestras verdades no necesariamente son las verdades reales. Los sesgos cognitivos son fenómenos psicológicos involuntarios que distorsionan el procesamiento de la información. En muchas ocasiones afirmamos que un método o un sistema de trabajo funciona con nuestro alumnado, pero tal vez nuestro sesgo cognitivo nos juegue una mala pasada, tal vez, percibimos que funciona porque en un momento determinado, con un alumnado determinado, nos funcionó, pero es posible que no sea el método o sistema más acertado. Además, los sesgos no solo se deben a defectos de percepción, sino a los diversos procesos cognitivos en general.
  • El sesgo de confirmación. Atendemos y recordamos preferentemente la información que confirma nuestras propias creencias en detrimento de la información que las contradice. Es decir, nos cuesta cambiar de opinión y nuestro cerebro intenta, por todos los medios, confirmar que lo que hacemos es lo más acertado.
  • Disonancia cognitiva. Se produce cuando nuestra ideas chocan con una información o experiencia que las contradice. Habitualmente se acompaña de una sensación poco agradable. Es decir, no nos gusta que nos contradigan, y a nuestro cerebro tampoco le gusta confirmar que nuestra verdad realmente no es la verdad, o al menos, no es la única verdad, ni siquiera la verdad más verdadera.

Por tanto, los sesgos cognitivos, sin darnos cuenta, nos hacen poco eficaces a la hora de analizar la realidad. Por ello, el método científico es el mejor remedio para discernir entre lo que realmente funciona y no funciona en los procesos de enseñanza y aprendizaje.

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay

En este primer bloque también se definen los niveles de investigación del aprendizaje y la enseñanza. A saber:

  • Neurobiología: investiga cómo se produce el aprendizaje a nivel molecular, celular, de órganos y sistemas. Estudia la fisiología del cerebro.
  • Psicología cognitiva: es la rama empírica de la psicología que investiga cómo el cerebro obtiene, manipula y almacena la información. Modeliza el funcionamiento del cerebro a partir de la evaluación de los cambios que determinas experiencias sensoriales o motoras causan en la conducta y habilidades de las personas.
  • Psicología educativa: disciplina multidisciplinar que se apoya en la psicología cognitiva y en otras afines (psicología del desarrollo, psicología evolutiva,…) para estudiar los procesos de enseñanza y aprendizaje en contextos reales. Cuando la psicología educativa se circunscribe a la enseñanza y aprendizaje de áreas de conocimiento (matemáticas, lenguaje,…) deriva en las diversas didácticas.

Héctor Ruíz nos recuerda que el aprendizaje del alumnado es un fenómeno que depende de muchas variables: características propias de cada alumn@, entorno de aprendizaje, experiencias previas,… Es por esto que, el estudio del cómo aprendemos requiere de la aplicación de métodos estadísticos y de muestras significativas.

Termina este primer bloque recordándonos:

  1. La correlación no necesariamente implica causalidad (AQUÍ algunos ejemplos de esta afirmación).
  2. La importancia de conocer los principios del aprendizaje basados en la evidencia. No se trata de aplicar unos métodos concretos, sino de planificar y ajustar los métodos según las particularidades de la situación, con la ayuda de lo que nos puede decir la ciencia en referencia a los factores que facilitan el aprendizaje.
  3. Los peligros de los mitos pseudocientíficos. Estos mitos confunden y llevan a tomar decisiones y dedicar esfuerzos a favor de prácticas que no cuentan con ninguna evidencia de efectividad, lo cual no solo conlleva un importante coste de oportunidad, sino que puede llevar a un impacto negativo sobre el aprendizaje.

Me parece muy graciosa, y a la vez que acertada, la última frase que cierra este primer bloque:

Desde ya pido disculpas por las disonancias cognitivas que este capítulo pueda causar.

Creo que para much@s se podría cambiar la palabra “capítulo” por “libro”, je je. Y aquí se queda el post de hoy. La próxima semana iniciaré el segundo bloque (los procesos cognitivos del aprendizaje) y empezaré a entrar en materia.


Feliz miércoles,

Raül

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