En la entrada que precede a la que lees ahora analicé el marco legislativo, el procedimiento y los órganos instructores del proceso de reclamación de calificaciones. Hoy me centraré en cómo evitarlas.

¡Vamos al lío!


Contextualización previa

Tal y como apunté en el artículo anterior, se puede reclamar por dos motivos principales:

  • La aplicación incorrecta de los criterios de evaluación o calificación.

  • La inadecuación de los instrumentos de evaluación.

Por otro lado, en la práctica, las reclamaciones que nos llegan a la inspección son de dos tipos:

  • Sobre la calificación final de una o varias asignaturas.

  • Sobre la decisión de «no promoción» y/o «no titulación».


¿Cómo evitamos las reclamaciones?

Las reclamaciones no pueden evitarse al 100 %, pero es posible reducirlas significativamente. Para ello, recomiendo seguir dos principios clave:

1. Definir las normas del juego y explicarlas. Es fundamental hacerlo al inicio de curso y tantas veces como se considere necesario. Para ello, los documentos de planificación educativa (propuesta pedagógica, programación de aula, proyecto curricular de ciclo formativo y/o programación didáctica, según sea el caso) deben definir, de manera clara y concisa:

  • Los principios de evaluación: Alineados con los principios y las finalidades del sistema educativo (artículos 1 y 2 de la LOMLOE).

  • Los referentes de evaluación: Competencias (específicas, clave, profesionales y/o para la empleabilidad, según sea el caso) y sus criterios de evaluación.

  • La calificación: La relevancia de cada referente de evaluación; es decir, el porcentaje asignado a cada criterio de evaluación.

  • Las técnicas e instrumentos: Dejando constancia de su variedad, diversidad y adecuación a los criterios de evaluación.

  • La evaluación específica para el alumnado con Necesidades Específicas de Apoyo Educativo (NEAE): Entre los que podemos encontrar los casos de alumnado con materias pendientes.

  • El grado de consecución: Cómo se medirá el logro de objetivos y competencias.

2. Utilizar instrumentos de evaluación y calificación válidos y fiables


Las reglas del juego a fondo

En mis libros sobre programaciones didácticas dedico un capítulo completo a desarrollar los 6 puntos que detallo en el apartado anterior referentes a las normas del juego (principios, referentes...). En este artículo me quiero detener en los 3 aspectos que, bajo mi experiencia, suelen ser más confusos y problemáticos:

1. Los referentes reales. Como ya he comentado en varios artículos (por ejemplo en ESTE), los referentes de evaluación no son los instrumentos (exámenes, libreta...), sino los criterios de evaluación del currículum (en el caso de evaluar las asignaturas) y las competencias clave (en el caso de evaluar la promoción o titulación). Por tanto, una estructura del tipo «60 % contenidos (exámenes), 30 % procedimientos (actividades, libreta...) y 10 % actitud (asistencia, puntualidad...)» es, en principio, incorrecta.

La estructura normativamente más acertada es: 10 % competencia 1, 15 % competencia 2, 8 % competencia 3.... Posteriormente, estos porcentajes se reparten entre los criterios de evaluación que concretan cada competencia.

2. Alumnado con NEAE y materias pendientes. La equidad y la inclusión requieren aplicar medidas de respuesta adaptadas a las barreras de cada alumno y alumna. Usualmente, la atención y evaluación del alumnado con necesidades educativas especiales (NEE) —el que presenta mayores barreras— suele supervisarse por los especialistas de orientación educativa.

Ahora bien, el alumnado con asignaturas pendientes suele quedar en terreno de nadie. Aunque habitualmente no se trata de alumnado con NEE, es obvio que es alumnado con NEAE. Por ello, es muy importante definir cómo será su plan de refuerzo y recuperación. Este plan no solo debe detallar cómo se le evaluará y calificará para superar la asignatura pendiente, sino que también debe incluir las estrategias didácticas a emplear, que obviamente no pueden ser las mismas que se utilizaron cuando el alumno o alumna no consiguió superar por primera vez la materia.

3. La evaluación de las competencias clave y los objetivos de etapa. Estos dos elementos curriculares son los referentes para decidir, de manera colegiada, la promoción y, en su caso, la titulación. Evaluar de manera indirecta —es decir, evaluar las competencias clave y los objetivos a través de las competencias específicas— es como evaluar cómo juega una persona al tenis viendo cómo juega al ping-pong. Existe correlación, pero no necesariamente causalidad.

La propuesta más acertada, desde mi punto de vista, pasa por:

  • Concretar las competencias clave y los objetivos por curso.

  • Definir situaciones de aprendizaje ad hoc para evaluar estos elementos curriculares.


La técnica de los instrumentos

De acuerdo con el «Joint Committee on Standards for Educational Evaluation», los principios de la evaluación son: utilidad, practicidad, ética (justicia) y técnica. Me centro en la técnica y, concretamente, en las características que suelen presentar mayores problemas: la validez y la fiabilidad.

Como anoté en un artículo anterior, un instrumento de evaluación:

  • Será válido siempre y cuando esté midiendo lo que realmente tiene que medir. Es decir, cuando mida el grado de consecución de los referentes de evaluación.

  • Será fiable cuando arroje los mismos resultados independientemente de la persona que mida. Es decir, cuando los descriptores que permiten establecer el nivel de logro sean lo suficientemente precisos, objetivos y claros.

Veamos un ejemplo utilizando el símil con un GPS: La lectura que proporciona un GPS será válida si mide la posición geográfica en el momento en que esté midiendo. Aunque también podría aportarnos información adicional como la hora o la temperatura, el objetivo central es la posición geográfica. Por otro lado, si a pesar de no movernos del mismo lugar, cada vez que consultamos el GPS nos marca una posición distinta, tendríamos un claro problema de fiabilidad.

Garantizar unas reglas transparentes y unos instrumentos rigurosos no solo minimiza el riesgo de reclamaciones, sino que nos convierte en docentes más justos, coherentes y comprometidos con el verdadero aprendizaje.


Feliz finde.

Raül

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