La planificación educativa suele percibirse a menudo como un mero trámite burocrático, pero, diseñada con rigor, es el engranaje central que garantiza la eficacia de un centro. Este es el tercer artículo de la serie sobre esta temática. En la primera entrega analizamos los niveles de concreción curricular desde una perspectiva puramente normativa. El segundo artículo se centró en establecer los elementos mínimos de la línea pedagógica.
Hoy damos un paso más y abordamos el núcleo operativo de nuestro sistema educativo: la concreción curricular y las propuestas pedagógicas.
Vamos al lío.
La concreción curricular: el marco de referencia común
Tal y como apunté en la guía normativa, la concreción curricular agrupa el conjunto de documentos de planificación que adaptan el currículo oficial a la realidad de los ciclos o departamentos. Su función es aglutinar las propuestas pedagógicas y sistematizar todo aquello que resulta transversalmente aplicable a estas agrupaciones.
Para garantizar la optimización del proceso y evitar duplicidades, mi propuesta de elementos mínimos para la concreción curricular es la siguiente:
(1) Propuestas pedagógicas (específicas de cada ciclo o departamento).
(2) Elementos metodológicos y de evaluación comunes, que deben incluir:
Modelos de informe estandarizados.
Plantillas de instrumentos de evaluación (rúbricas, modelos de examen, hojas de registro).
Modelos de recursos didácticos (presentaciones, comunicados, actividades tipo).
Propuestas pedagógicas: el motor para la coordinación
Las propuestas pedagógicas son la herramienta técnica diseñada para desarrollar, adecuar y concretar los elementos del currículo. Su finalidad es dar respuesta a las características del alumnado y a la realidad socioeducativa del entorno, integrando de forma sistémica la inclusión educativa.
De acuerdo con la definición de «currículo» del artículo 6 de la LOMLOE, toda propuesta pedagógica debe concretar de manera inexcusable los siguientes ejes: objetivos, competencias, saberes básicos (contenidos), métodos pedagógicos y criterios de evaluación.
A partir de este marco legislativo, propongo la siguiente estructura de mínimos para asegurar la coherencia y viabilidad de cualquier propuesta pedagógica departamental o de ciclo:
(1) Introducción: Descripción básica y justificación de las áreas o materias implicadas.
(2) Contextualización: Análisis centrado estrictamente en el ecosistema externo. Se debe justificar cómo el entorno del centro educativo proporciona oportunidades de aprendizaje concretas para el área o materia. El contexto interno (el análisis específico del grupo clase) se reservará para la programación de aula.
(3) Objetivos: Concreción de los objetivos de la etapa para el ciclo o departamento, desglosados por curso.
(4) Competencias clave: Concreción adaptada y estructurada por curso para el ciclo o departamento correspondiente.
(5) Mapa general de situaciones de aprendizaje (SA): Índice general y secuenciación de las SA asociadas a las competencias específicas i criterios de evaluación curriculares. Propongo emplear este apartado para concretar las competencias específicas a través de sus criterios de evaluación (CE), de forma que cada curso tenga los CE adaptados y nivelados. Es decir, un mapa de SA por curso y cada mapa con los CE adaptados para ese curso. Para algunas áreas o materias, no será necesario modificar la redacción curricular (por ejemplo, los CE de 4º de educación primaria), pero en otros casos, se requerirá una redacción nueva (por ejemplo, los CE de 5º de educación primaria o los CE de matemáticas de 1º de la ESO). El desarrollo técnico de cada SA se realizará, posteriormente, en la programación de aula.
(6) Orientaciones metodológicas: Directrices generales aplicables a todas las materias del ciclo o departamento. Estas deben estar perfectamente alineadas con la línea pedagógica del centro. Toda didáctica específica requerida para una SA determinada deberá definirse en la programación de aula.
(7) Atención a la Diversidad e Inclusión Educativa: Medidas de respuesta para la inclusión del alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo (NEAE). Es imperativo concretar este apartado. ¿Debe aplicarse la misma medida a un alumno con dislexia en matemáticas que en inglés? ¿Es idéntica la atención a una alumna con autismo en el primer ciclo de primaria que en el tercer ciclo?
(8) Evaluación del (y para el) aprendizaje: Orientaciones estructuradas sobre principios, referentes de evaluación, concreción de la calificación, técnicas, instrumentos, evaluación del alumnado con NEAE y grado de consecución de objetivos y competencias clave. Únicamente se contemplará lo aplicable de manera universal al ciclo o departamento.
(9) Evaluación de la práctica docente: Indicadores precisos para evaluar la enseñanza, definiendo los niveles de aceptabilidad mínimos exigidos por el departamento.
(10) Actividades complementarias: Justificación técnica, descripción básica, objetivos y planificación temporal aproximada de las acciones previstas.
Puedes ampliar la descripción de cada uno de los apartados anteriores y, además, con ejemplos concretos, en mis libros sobre programaciones didácticas.
En el próximo artículo cerraremos esta serie analizando la pieza que completa este sistema: la programación de aula.
Feliz finde.
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Muchas gracias Raúl.
Gracias a ti Mariana. Un saludo