En la entrada que escribí hace unas semanas (Transversalidad de los aprendizajes) te adelanté mi buena opinión respecto del libro “Neurociencia para educadores” de David Bueno i Torrens. Te hecho te prometí que escribiría una pequeña reseña de este fantástico libro.

He revisado mis anotaciones y he vuelto a leer algún que otro capítulo, pero para escribir la entrada de hoy finalmente he decido centrarme en las conclusiones propuestas en las 4 últimas páginas del libro. Aquí te dejo estas conclusiones (en cursiva y color gris) y también mis pequeñas aportaciones y comentarios a cada una de ella (entre corchetes []).


  1. El cerebro es un órgano en construcción y reconstrucción permanente. Parte de un sustrato genético y biológico ineludible y diferente para cada persona, pero se construye por interacción con el ambiente. Se sustenta en la plasticidad neuronal, es decir, en la capacidad para hacer nuevas conexiones y fortalecer las existentes, y es en estos patrones de conexiones donde se almacena todo lo que aprendemos. [Ya lo afirmaba Paolo Freire: “Nadie educa a nadie, nadie se educa a si mismo, las personas se educan entre si con la mediación del mundo“. El contexto es clave en el aprendizaje por lo que agrupar al alumnado en grupos homogéneos, aunque puede hacer que inicialmente se puedan sentir integrados, se trata de una medida contraproducente para su aprendizaje a largo plazo].
  2. Las conexiones que el cerebro percibe como más útiles y que, por tanto, mantiene bien fijadas e integradas, son aquellas que incorporan aprendizajes que son bien valorados socialmente, por iguales, los maestros y los padres, atendiendo a que una de las funciones principales del cerebro es adaptar el comportamiento al entorno en el que vivimos. [He aquí la justificación de utilizar el refuerzo positivo y la importancia de que este refuerzo venga de la propia familia y de aquellas personas que el alumnado considera referentes en su vida (el maestro y la maestra; los amigos y amigas)].
  3. Las conexiones que el cerebro percibe cómo más necesarias y que, por tanto, también mantiene bien fijadas e integradas son aquellas que incorporan aspectos emocionales, atendiendo que las emociones se relacionan directamente con la supervivencia. Por eso los aprendizajes emocionales son más significativos que los no emocionales. [Y esta afirmación no solo la realiza David Bueno i Torrens, sino que tenemos muchísimos otros “gurus” educativos de diferentes disciplinas que resaltan la importancia de las emociones: Francisco Mora, Mar Romera, Daniel Goleman,…].
  4. El nombre y la calidad de las conexiones neuronales que sustentan los aprendizajes dependen del uso que hagamos del cerebro. [Sin caer en la sobreestimulación, es tremendamente importante que familias y profesorado creemos situaciones que estimulen a nuestro alumnado a avanzar y seguir aprendiendo. Entra aquí en juego el concepto “Zona de aprendizaje próximo” de Vygotsky y de “andamiaje” de Bruner].
  5. Durante la evolución de los homínidos, el cerebro se ha adaptado a vivir en sociedad y a aprender de la sociedad y dentro de la sociedad, donde cada individuo aporta una parte de él mismo a la supervivencia del grupo. Por eso los aprendizajes cooperativos y colaborativos son más significativos para los alumnos e implican la activación de muchas redes neuronales. [Por tanto, la línea metodológica en nuestras aulas debería basarse en el trabajo colaborativo, el aprendizaje basado en proyectos de investigación y otras tantas estrategias activas que impliquen la interacción entre el alumnado (ya sabes que yo propongo emplear la filosofía Proyecto Roma). La estrategias de aprendizaje de carácter individual deberían ser residuales].
  6. Las novedades y las sorpresas inesperadas captan la atención, la cual es un mecanismo automático del cerebro que permite fijar los pensamientos y las respuestas en el problema planteado. [Aquí tenemos una importante estrategia para captar la atención de nuestro alumnado y mantenerles atentos a nuestras explicaciones. Seamos creativos e inundemos nuestras clases de sorpresas inesperadas].
  7. La motivación es una reacción fisiológica y mental energizante, que permite fijar y mantener la atención y se que relaciona con el optimismo. Es una de las piezas clave de la educación, el detonante de “aprender a aprender”. [Por tanto nos resultará muy difícil poder fijar aprendizajes que no motiven al alumnado. He aquí la principal razón por la que defiendo que el hecho de hacer partícipe al alumnado del proceso de enseñanza y aprendizaje, incluso en el diseño, es clave. Si no se participa desde el principio, si se imponen el qué, el cómo y el cuándo, no siempre contaremos con la motivación].
  8. Las actitudes se aprenden por imitación, gracias a una población específica de neuronas llamadas neuronas espejo. Por eso, si queremos alumnos motivados, primero hemos de estarlo nosotros; si los queremos respetuosos, debemos serlo nosotros; si los queremos atentos a los aprendizajes, debemos aprender con ellos; si los queremos creativos, debemos buscar novedades con ellos;…[Se trata de ser íntegros y coherentes. No le pidamos a nuestro alumnado algo que nosotros no hacemos. En la mayoría de los casos basta con dar ejemplo y tener paciencia].
  9. El cerebro funciona como un todo integrado, de manera que parcelar los conocimientos en compartimientos estancos (ahora toca matemáticas, y no hacemos nada más que matemáticas, por ejemplo) contraviene el funcionamiento neuronal de este órgano. [Y esta afirmación ya la comenté en ESTA ENTRADA].
  10. El cerebro madura progresivamente con la edad, y de esta maduración dependen las habilidades mentales. Además, existen diferencias en cuanto al ritmo de maduración de cada persona y por lo que hace a todos los aspectos mentales (capacidad de mantener y autoprovocarse la atención, atrasar las recompensas, la motivación y la automotivación, de generar y gestionar el pensamiento abstracto, de controlar conscientemente las emociones una vez se han generado,…), la cual cosa implica que se deben respetar los tiempos de los alumnos. [Es contraproducente adelantarnos al tiempo madurativo y éste depende de cada persona, por lo que resulta relevante una educación personalizada y por tanto establecer niveles de logro en función de las capacidades y aprendizajes previos de nuestro alumnado].
  11. El enemigo número 1 de los aprendizajes y de la educación es el estrés crónico, que puede alterar las conexiones neuronales de determinadas zonas del cerebro, entre las que se encuentran la capacidad de reflexión, el control emocional, la toma de decisiones y el control ejecutivo. [Soy de los que piensan que de vez en cuando es positivo introducir picos de estrés, pues estos picos son los que nos permiten avanzar y ampliar nuestra zona de confort. Ahora bien, debemos ser prudentes y estar atentos a que este pico de estrés sea un pico y nunca se convierta en algo crónico].

La última frase de este fantástico libro de David Bueno i Torrens es…

El principal aliado de la educación es el placer.

Feliz miércoles,

Raül

Imagen destacada de Tumisu en Pixabay

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