El domingo pasado salí con la bici. Fue un trabajo en «zona 2 y 3» (pulsaciones relativamente bajas) que me permitió escuchar un par de podcast y reflexionar sin problema alguno. El primer podcast fue una entrevista a Ana Ibáñez sobre cómo entrenar a la mente. El segundo fue una entrevista a Alex Rovira sobre su último libro: «Tu mentalidad buena suerte». Cuando terminé de escuchar ambas entrevistas, desconecté los auriculares y decidí reflexionar sobre ambos enfoques.

Ana Ibáñez tenía una postura pragmática, pero a la vez fundamentada. En cambio, Alex Rovira se movía constantemente en la reflexión y la introspección. Creo que son dos enfoques complementarios, pero claramente diferentes. Una buena acción debe fundamentarse en una buena reflexión. Creo también que hay momentos y situaciones para ponernos en uno u otro extremo: más acción o más reflexión. Entonces pensé:

«¿En qué momento de mi vida estoy? Tengo más de 40 años y es evidente que no tengo la energía que tenía con 25. Me gusta pensar, reflexionar y ser consciente de mis actos, pero también me gusta la acción. De hecho, creo que esa es precisamente una de mis fortalezas: el foco en el hacer».

Personalmente me gusta más el enfoque de Ana Ibáñez, pero soy consciente de la importancia del mensaje que pretende transmitir Alex Rovira.


Ambos podcast y mi reflexión personal están acompañados y condicionados por el libro que ahora mismo estoy leyendo: «El octavo hábito: de la efectividad a la grandeza».

Steven Covey afirma que para conseguir la «grandeza» debemos descubrir y expresar nuestra voz (este es el octavo hábito). Para ello, entre otros aspectos, es necesario cultivar lo que Covey llama las «4 inteligencias humanas»:

  1. La Visión. Se relaciona con la mente: análisis, razonamiento, pensamiento abstracto... Ver, con el ojo de la mente, lo que es posible en las personas, los proyectos, en las causas, en las empresas…
  2. La Disciplina. Conectada con lo físico, con el funcionamiento inconsciente del cuerpo. Pagar el precio para traer la visión a la realidad.
  3. La Pasión. Relacionada con lo emocional, con el corazón: autoconciencia, sensibilidad social, empatía, asertividad... El impulso que sostiene la disciplina para alcanzar la visión.
  4. La Conciencia. Ensamblada con lo espiritual, con la voluntad de sentido y conexión con el infinito. El sentido moral interior de lo que es bueno y de lo que es malo, el impulso hacia el sentido y la aportación.

Covey indica que las 4 inteligencias deben desarrollarse de manera equilibrada, pero resalta la importancia de la inteligencia espiritual, es decir, de la conciencia. De hecho, Covey afirma que la diferencia entre un líder como Gandhi y Hitler es la conciencia. Hitler tenía visión, disciplina y pasión, pero le faltaba conciencia. En cambio, Gandhi, Teresa de Calcuta u otros grandes líderes que han dejado un buen legado, tenían conciencia, hacían el bien.

Para entender estas 4 dimensiones me parece muy acertado los supuestos que plantea Covey en su libro:


Desde leí, ya hace algunos «añitos», el libro de «Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva» incorporé a mi vida estas cuatro dimensiones. De hecho, ahora aderezadas con algo de estoicismo, están presentes en mi definición de propósito:

«Ser íntegro, competente y con vocación de servicio. Una persona que actúa con virtud y balancea con maestría las dimensiones física, espiritual, mental y social-emocional»

¿Y tú? ¿Eres una persona más pragmática o tiendes a ser más reflexiva? ¿Consideras que podemos transitar de una vertiente más aplicada a una más práctica sin problema alguno? ¿Balanceas con maestría  mente, cuerpo, corazón y espíritu? Partiendo de estas 4 dimensiones, ¿crees que sobra o falta alguna?


Feliz miércoles.

Raül

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Imagen destacada de Gerd Altmann en Pixabay

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