En los dos post anteriores (¡Toma decisiones y asume que te perderás algo! y "La trampa de la eficiencia") compartí contigo algunas de mis anotaciones del libro "4000 semanas. Gestión del tiempo para mortales"

Hoy me centro en la segunda parte del libro: “Fuera de control”. Aquí, el autor, entre otros aspectos, reflexiona sobre la falta de tiempo, el descanso… la impaciencia... Es de este último concepto del que te escribiré hoy. Vamos al lío…


La impaciencia.

Oliver Burkeman afirma, y seguro que estarás de acuerdo conmigo en que se trata de una afirmación totalmente acertada, que somos mucho más impacientes que antes. No admitimos los retrasos. Piensa, por ejemplo, en un atasco de tráfico, en una compra on-line que no llega a tiempo, en las veces que refrescas una página Web cuando tarda más de 2 segundos en cargarse…. El autor ofrece un dato muy curioso:

Se ha calculado que, si la página de inicio de Amazon se cargara un segundo más despacio, la compañía perdería 1.600 millones de dólares en ventas.

Burkeman menciona un estudio de finales de 1990 de la psicoterapeuta Stephanie Brown en el que se concluye que vivir una vida rápida es una forma de evasión emocional similar a la de los adictos (por ejemplo los alcohólicos). Es decir, se llega a comparar la adicción con la velocidad.

Entonces, ¿Qué hacemos? ¿Cuál es la solución a la impaciencia y a la vida acelerada que vivimos?

Creo que es bastante evidente: tener paciencia.


La paciencia.

Afirma el autor que tenemos que darnos por vencidos, rendirnos y aceptar que las cosas necesitan el tiempo que necesitan, y que no puedes acallar tus ansiedades trabajando más rápido.

Burkeman nos plantea tres principios para ser más pacientes:

  1. Aprender a disfrutar de tener problemas. Cuando renuncias a la meta inalcanzable de querer erradicar todos tus problemas, es posible llegar a apreciar el hecho de que la vida no es más que enfrentarse a un problema tras otro, dándole a cada uno el tiempo que necesita; en otras palabras, que los problemas no son un impedimento para una existencia significativa, sino su sustancia misma.
  2. Adoptar el incrementalismo radical. Se trata de mirar al horizonte y pensar en el largo plazo. El deseo impaciente de hacer el trabajo a una velocidad no adecuada, de correr hasta terminarlo, en muchas ocasiones impide el progreso. El hecho de no aceptar el limitado control sobre la velocidad es lo que finalmente nos hace procrastinar. La propuesta: ¡para cuando toque! Cuando tus horas de trabajo hayan llegado a su fin, aunque estés lleno de energía y sientas que podrías avanzar mucho más, levántate y pasa a otra cosa; el trabajo debe continuar mañana. Afirma el profesor de psicología Robert Boice que el deseo de seguir adelante más allá de ese punto (la hora final de tu jornada laboral) está compuesto en gran parte por la impaciencia que te produce no haber acabado, no ser lo suficientemente productivo, no volver a encontrar quizá un momento tan bueno. Afirma Burkeman que: parar en ese punto ayuda a fortalecer el músculo de la paciencia que te permitirá volver a tu proyecto una y otra vez, y conservar así tu productividad a la largo de toda una carrera (largo plazo).
  3. A menudo, la originalidad es otra cara de la falta de originalidad. Oliver Burkeman nos narra una pequeña metáfora planteada por el fotógrafo finlandés Arno Minkkinen. En esta metáfora se compara la creatividad con la necesidad de tener la suficiente paciencia para quedarse en un autobús hasta que termine todo su trayecto y todas sus paradas. Es precisamente en las últimas paradas cuando llega la originalidad. Afirma el autor que: buscar siempre lo menos convencional es negarte a ti mismo la posibilidad de experimentar esas otras formas, más ricas, de singularidad reservadas para aquellos con la paciencia de viajar primero por el camino más trillado... Para experimentar la profunda comprensión mutua de una pareja que lleva años casada tienes que seguir casado con una persona; para saber qué se siente cuando estás arraigado en una determinada comunidad y lugar, tienes que dejar de mudarte. Son el tipo de logros significativos y singulares que necesitan el tiempo que necesitan.

La verdad es que este tema me hizo reflexionar muchísimo. Recuerdo muchos momentos de mi infancia en el que la impaciencia me pasó factura. Era relativamente pequeño, no recuerdo exactamente la edad, pero tendría entre los 8 y los 10 años. Era el mes de mayo, fiestas de mi pueblo. Mi hermano me había dado dinero. No recuerdo la cantidad, pero sí que me permitieron comprar 3 fichas para subir a los coches de choque (de mayores). Mi hermano me dijo: Raül, espera unos minutos; yo subiré contigo. ¿Qué hice yo? Pues está claro, NO esperar. Compré las 3 fichas, me subí al coche, sonó la campana, empujé la ficha y esperé a que el coche se pusiera en marcha. Pero el coche no se movió. Pasó el tiempo, lo repetí con la segunda ficha. Ocurrió lo mismo. Llegó mi hermano y me dijo: Raül... ¿has pulsado el acelerador? Madre mía, los "coches de choque de mayores" tenían acelerador. Los "coches de coche de pequeños" funcionaban directamente con la ficha. Debería haberme esperado. Así perdí 2 viajes. ¡Un fuerte abrazo a ese hermano que seguro que me lee desde Linkedin!


Feliz miércoles.

Raül

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