Después de aprender el uso de algunas herramientas para la docencia en línea, identificar las premisas básicas, reconocer la relevancia del trabajo en equipo, la poda y selección de recursos, y reflexionar sobre el diseño de actividades, llega el momento de escribir sobre el alumnado vulnerable.

Alumnado vulnerable COVID-19.

La situación particular de cada alumna y alumno condicionará sus opciones y esto marca diferencias entre las posibilidades para seguir con mayor o menor éxito las clases a distancia. Cuando indico “vulnerable” me refiero al alumnado con circunstancias que dificultan notablemente el desarrollo del proceso de enseñanza y aprendizaje en el contexto derivado del COVID-19. Es decir, alumnado:

  • Con necesidades educativas especiales.
  • Con problemas de conducta.
  • Con limitaciones de recursos: equipos informáticos, conexión a Internet, espacio físico,…
  • Con menos posibilidades de apoyo educativo familiar,

Obviamente no soy el primero ni el último en escribir sobre este tema y no pretendo centrarme en un tipo concreto de vulnerabilidad. En cada casa se cuecen unas habas y las percepciones son muy distintas, así que tampoco estableceré una escala de vulnerabilidad. Por supuesto no voy a reflexionar sobe aspectos que escapan de nuestras posibilidades docentes, como por ejemplo, la necesidad de dotar de recursos informáticos al alumnado que lo requiera.

Una de las reflexiones que más me han gustado es la que se publicó el pasado 30 de marzo en colectivo orienta. Me refiero a  “Todos somos vulnerables, todos somos necesarios“. Un artículo en el que Mábel Villaescusa (directora del CEFIRE de educación inclusiva) reflexiona sobre el contexto educativo derivado del COVID-19. Mábel nos recuerda que ahora TOD@S somos vulnerables, que lo que es normal depende del contexto y que, si cambiase el contexto, las barreras desaparecerían. Empatía, solidaridad, emociones, contextualización, agradecimiento,… son algunos de los aspectos sobre los que nos obligará a reflexionar la lectura de este fantástico artículo.

Imagen de Lourdes Otero y portada del artículo “Todos somos vulnerables, todos somos necesarios

La capacidad de autorregulación del aprendizaje.

Una semana antes del cautiverio me llegó a casa el libro “¿Cómo aprendemos?” de Héctor RuÍz Martín. Se trata de un libro consistente, de los que requiere de tiempo de reflexión para poder asimilar todo lo que incluye. Del libro tendré oportunidad de escribirte en otro momento, pero hoy me centraré en un aspecto básico y aplicable a todo el alumnado. Se trata de un ítem que se resalta en varios apartados de este libro y al que además Héctor le dedicó un hilo de Twitter el pasado 4 de abril. Se trata de la capacidad de autorregulación del aprendizaje. Un aspecto que de forma indirecta he resaltado en las anteriores entradas COVID-19.

Como define el propio Héctor Ruíz, la capacidad de autorregulación del aprendizaje es el conjunto de estrategias, habilidades y hábitos que permiten al estudiante intervenir deliberada y eficazmente en sus procesos de aprendizaje.

La autorregulación del aprendizaje permite establecer las estrategias de aprendizaje que utiliza cada cada persona. No se trata únicamente de la planificación, monitorización y evaluación del aprendizaje sino también de la autogestión de las emociones, como por ejemplo la de mantener una rutina de trabajo.

A mayor capacidad de autorregulación del aprendizaje, mayor autonomía para dar respuesta al proceso de enseñanza y aprendizaje en el actual contexto COVID-19.

Rutina de trabajo y capacidad de autorregulación.

Una de las claves de nuestra tarea docente en estos días es la de facilitar pautas muy claras al alumnado. Se trata de ayudarles a planificar el tiempo que dedicarán al estudio y resaltar los objetivos de aprendizaje esenciales. La coordinación del equipo docente, el seguimiento por parte del profesorado, y el diseño de actividades, influirá notablemente en la autorregulación del aprendizaje, de forma que tendrá una importancia capital para el alumnado vulnerable.

Lo he resaltado en mis anteriores entradas COVID-19 y vuelvo a hacerlo aquí. Ahora más que nunca:

  1. El alumnado tiene que contar con tareas curriculares durante gran parte de la mañana. La carga lectiva no puede (ni debe) ser la misma que en la modalidad presencial, pero debería facilitar una rutina de trabajo académico razonable.
  2. El profesorado debe comunicarse con su alumnado (o con sus familias, en función del nivel educativo que se trate), al menos dos veces por por semana. Una para establecer las pautas de trabajo semanal y otra para aclarar dudas, evaluar y ofrecer feedback.
  3. Es necesario que el equipo educativo se coordine lo máximo posible (no es admisible que cada docente desarrolle su propia guerra). Esto es, estandarizar procedimientos y formatos, balancear la carga de trabajo, acordar pautas de trabajo mínimas,…
  4. Las actividades deben estar muy bien diseñadas:
    • Deben centrarse en los aspectos esenciales del currículo, contextualizándolas lo máximo posible a la situación actual, para, de este modo, facilitar el aprendizaje significativo.
    • Necesitan un enunciado preciso y claro.
    • Han de concretar los objetivos de aprendizaje, sí como los criterios de evaluación y calificación,
    • Es necesario que incluyan orientaciones, consejos y recursos para el desarrollo, así como instrucciones precisas para su entrega.

Es muy importante definir al alumnado un plan de trabajo flexible en cuanto a horarios, pero claro, preciso y coherente entre materias y contenidos curriculares. 

El profesorado debe contribuir activamente en la organización temporal de las tareas escolares del alumnado, muy especialmente cuando se detecte cualquier tipo potencial vulnerabilidad

En los niveles educativos iniciales (infantil y primaria) es muy importante que facilitemos a las familias (más que a las niñas y niños) orientaciones claras para organizar las tareas escolares y desarrollar las actividades. Por tanto, no podemos centrarnos simplemente en el qué (actividades o tareas a desarrollar), sino también en el cómo (contextualización, recursos,…), y en el cuanto y el cuándo. Lo usual es que las familias no tengan los conocimientos que tenemos las y los docentes y por tanto, ahora más que nunca, sin excedernos, debemos orientar y aconsejar.

Feliz miércoles,

Raül

Imagen destacada de Ruwad Al Karem en Pixabay

 

 

 

 

 

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