La felicidad es un “algo” complejo, empezando porque no hay una definición única de qué es la felicidad ni de qué es ser feliz. Yo acostumbro a leer algún libro sobre este tema, pues, aunque me considero una persona feliz, nunca está de más conocer distintos enfoques y puntos de vista. El post que titulé “La fórmula de la felicidad” es un buen ejemplo. Uno de los libros que tengo en la cola es Diseña tu felicidad (Paul Dolan). Pero hoy no reflexionaré sobre la felicidad en general, sino sobre la “felicidad profesional“.

Era una tarde fría de un sábado de noviembre cuando paseando a Bala leí ESTE post de Dame tres minutos. Tan pronto terminé de leer a José Iribas, compré “Felicidad profesional“. Hoy, casi dos meses después de leer(me) el libro, te dejo aquí una pequeña reseña.


Los autores nos proponen una continua dosis de proactividad.

<<Si quieres ser profesionalmente feliz, tienes que querer serlo>>

<<La felicidad profesional es la recompensa para quienes se esfuerzan por ser, o tratar de ser, los mejores en lo que les gusta hacer>>

<<Somos nosotros mismos quienes dirigimos nuestra vida y, por ello, solo nosotros podemos decidir a dónde queremos dirigirla>>

René Mena y Pablo Zubieta (los autores) defienden que hacerse cada vez mejor en aquello que nos gusta es el camino más seguro para mantenernos motivados, de forma que:

<<La felicidad profesional es el resultado de un esfuerzo CONSCIENTE de mejorar como persona y como profesional>>

René y Pablo nos proponen una hoja de ruta para conseguir la felicidad profesional: las ilusiones iniciales, la búsqueda del éxito, la importancia de hacer aquello que nos gusta hacer, el hecho de ser conscientes de nuestras competencias,…

Conocernos.

Lo primero que debemos hacer es preguntarnos qué nos gusta hacer o qué no nos gusta hacer. Debemos ser sinceros y reflexionar sobre nuestras capacidades y posibilidades de éxito. Nos puede gustar mucho la música, pero si la naturaleza no ha sido especialmente generosa con nuestra voz, al menos debemos ser conscientes que dedicarnos al “cante” posiblemente no sea la mejor opción. Se trata de hacer una revisión minuciosa de cuáles son y en qué consisten los requisitos y los esfuerzos necesarios para llegar a ser el mejor en aquello que nos gusta hacer. ¿Estás dispuesto a sacrificarte?

El éxito.

El éxito o al menos los pequeños éxitos son indispensables para conseguir la felicidad profesional. Atendiendo a esta premisa, los autores dedican todo un capítulo a reflexionar sobre este tema. Nos indican que para conseguir el éxito debemos:

  1. Conocer qué es lo que queremos hacer.
  2. Comprender cuáles son los requisitos necesarios para ser los mejores en eso que queremos hacer.
  3. Definir con claridad cuáles son los esfuerzos personales que debemos afrontar.
  4. Poner en práctica lo que hemos aprendido.

La fórmula.

Los autores nos presentan la felicidad profesional como una mezcla, en proporciones adecuadas, de gozo, vocación, trabajo y expertise (pericia). Estas cuatro variables son clave durante todo el libro, de forma que los autores desgranan y ejemplifican con mucho arte cada una de estas cuatro patas de la felicidad profesional

  • Gozo: autorrealización y satisfacción que una persona siente cuando hace lo que le gusta hacer.
  • Vocación: cuando una persona hace lo que está llamada a hacer.
  • Trabajo: cuando aquello que hace con gozo y vocación se realiza de una forma profesional y remunerada.
  • Expertise: cuando se hace extraordinariamente bien y es capaz de convertir aquello que se hace en una ventaja diferencial.

Por tanto, la felicidad profesional está enraizada en la vocación, requiere trabajo, produce gozo y se fundamenta en una ventaja “competitiva” (yo prefiero llamarla ventaja diferencial).

Nunca es tarde.

Mena y Zubieta nos remarcan que nunca es tarde. Que siempre podemos replantearnos nuestra trayectoria profesional. Reflexiones sobre aspectos que a tod@s nos han pasado alguna vez por la cabeza: estudios universitarios, la especialización de los primeros años de vida profesional, el deseo de ser independientes, el hecho de encontrarnos en un callejón sin salida, el fastidio de hacer siempre lo mismo, la posibilidad de encontrarnos sin trabajo, el hecho de hipotecar la felicidad personal para conseguir la felicidad profesional.

Hacer lo que nos gusta hacer.

Descubrir nuestra pasión nos permitirá dedicarnos a hacer aquello que nos gusta hacer, pero ¿cómo descubrir nuestra pasión personal? Los autores nos proponen una batería de preguntas para reflexionar:

  • ¿Qué decisiones te han llevado a tu situación profesional actual?
  • ¿Qué logros has tenido en tu vida profesional?
  • ¿Te sientes bien preparado para hacer lo que haces?
  • ¿Qué factores de tu personalidad y de tu entorno social han contribuido positivamente a tu desarrollo profesional?
  • ¿Qué objetivos importantes de tu vida has deseado y todavía no has conseguido?
  • Si tuvieras suficiente dinero como para no tener que preocuparte, ¿qué tipo de trabajo te motivaría realizar?

Pero no se trata de concluir con la afirmación del tipo “quiero ser maestra”. Se trata de ser más concret@s, de delimitar nuestro campo de acción. ¿Qué tipo de maestra? ¿De qué especialidad? ¿En qué nivel te gustaría impartir las clases? ¿Te gustaría especializarte en alguna metodología? ¿Eres más de “coles” rurales o de “coles” de ciudad? Se trata de emplear la técnica de los círculos concéntricos de forma que se quede en el centro la especialización máxima que deseamos alcanzar.

Hacer lo que nos gusta hacer, teniendo en cuenta que nunca es tarde para hacerlo, responde a tres de las “patas” que conforman la fórmula de la felicidad profesional: gozo, vocación y trabajo. ¿Qué hay de la cuarta pata (expertise)?

Sé el mejor o al menos inténtalo.

Debemos ser conscientes que no podemos ser los mejores en todo, por lo que es indispensable la especialización. Para ello es necesario definir nuestro escenario profesional, un contexto en el que nos sintamos cómodos, simplemente porqué somo buenos en él. Se trata de aplicar la técnica de los círculos concéntricos. Pero, ¿qué nivel de especialización debemos tener? Ser el mejor (al menos de los mejores) no es un camino únicamente de especialización temática, sino de reunión de capacidades específicas en torno a un denominador común; para ser la mejor maestra de educación infantil (o el mejor director de calidad de Massimo Dutti) debes tener unos conocimientos generales del funcionamiento y de las técnicas básicas de tu entorno laboral, pero es imprescindible que conozcas a la perfección las características de las niñas y niños de 0 a 6 años, las técnicas didácticas más innovadoras para este nivel,… Si quieres ser mejor aún, debes especializarte en una de esas técnicas!

¡Solo tú puedes definir tu ventaja diferencial!

Un aspecto que debemos tener muy presente es que para convertirse en una persona experta debemos prepararnos para hacer algunos sacrificios. ¿Hasta qué punto? Solo tú tienes la respuesta. Yo aquí solo puedo dar(te) mi humilde opinión. Para mí, es una cuestión de balanceo.

“Imagina que la vida es un juego en el que haces malabarismos con cinco bolas. Las bolas se llaman: trabajo, familia, salud, amigos e integridad. Las mantienes todas en el aire. Pero un día te acabas dando cuenta de que el trabajo es una pelota de goma: si la dejas caer, rebotará y volverá a subir. Las otras cuatro bolas son de cristal. Si dejas caer alguna de ellas, irremediablemente se rayará, se agrietará o incluso se hará añicos”

Por tanto, el equilibro es una cuestión de prioridades, donde la verdadera dificultad radica en saber cuánto tiempo debes dedicar a cada cosa, y para esto, debes tener claros tus principios y muy bien definida tu misión personal.

¿Estarías dispuesto a aguantar a este tipo?

En este camino de intentar ser el mejor debemos ser muy conscientes que no son los talentos innatos extraordinarios los que hacen a los expertos, sino el esfuerzo hecho a propósito y reflexivo.

René y Pablo nos dicen que para convertirnos en expertos debemos incorporar competencias clave a nuestro proceso de desarrollo y por tanto es indispensable definir las competencias clave del sector en el que deseamos ser expertos. El séptimo capítulo de “Felicidad profesional” nos regala una buena reflexión al respecto de las competencias y un generoso listado de ejemplos.

Conclusión.


Por tanto, para ser felices profesionalmente debemos hacer profesionalmente (trabajo) lo que nos gusta hacer y estar llamados a hacerlo (vocación), hacerlo extraordinariamente bien (expertise) y encontrar placer en ello (gozo). La alineación de estos cuatro elementos llevarán consigo la felicidad profesional.


Y aquí mi pequeña aportación…

Pasamos gran parte de nuestro tiempo trabajando y por tanto es muy importante ser felices a nivel profesional. Ahora bien, debemos saber balancear nuestras prioridades. No podemos permitirnos el lujo de caer en la situación de ser muy felices profesionalmente pero muy poco felices personalmente (recuerda la metáfora del malabarismo y las cinco bolas).

¿Qué te gustaría ver el día de tu jubilación cuanto mires atrás y reflexiones sobre lo que has hecho de tu vida?

A mi me gustaría jubilarme con la tranquilidad de haber sido un buen docente, de haber sido de los mejores en planificación y gestión educativa, en evaluación y en metodologías activas, y haber contribuido activamente a la mejora de la calidad y la equidad en el sistema educativo, pero fundamentalmente me gustaría jubilarme junto a María, teniendo la certeza que he disfrutado y he hecho disfrutar a Roger, a Queralt, y al resto de mi familia y amig@s.

Feliz miércoles,

Raül

Imagen destacada de kalhh en Pixabay

 

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