Llevo unos días con molestias en mi ojo izquierdo y ayer por la tarde decidí acudir a urgencias de un centro de salud para que me dieran un vistazo. Me atendió un médico de familia un tanto peculiar. Este “profesional” de la medicina apenas me miró a la cara, me dijo que me sentara en la camilla y que abriera el ojo lo máximo posible. Él, sin ponerse guantes y sin llevar utensilio médico alguno, cogió su espléndido smartphone y encendió la linterna. Iluminó me ojo izquierdo durante apenas 20 o 30 segundos y me dijo con acento extranjero:

“No veo nada, así que es posible que sea un anzuelo pequeño. Mira que me gusta ser preciso con el diagnóstico, pero en este caso no voy a poder serlo. Me han asignado una sala nueva y no encuentro los aparatos necesarios. Te voy a recetar una crema antiinflamatoria con cortisona. Aplícala en el ojo dos veces al día. Si no mejoras en un par de días, acude a tu médico de familia o ve directamente al hospital”

Salí del centro de salud un poco perplejo y estuve a punto de tirar a la basura la receta, pero en ese momento vi una farmacia y decidí entrar y comprar la crema (en el peor de los casos no encontraría mejora, así que no tenía nada que perder). Me atendió una farmacéutica o una auxiliar de farmacia (no llevaba identificación alguna). Le di la receta y me pidió la tarjeta sanitaria. Buscó la crema, y con el “cúter” quitó el código de barras de la caja (la verdad es que no entiendo porqué, pues la crema no estaba subvencionada, así que no le iba a servir de nada el código). Envolvió la crema con su respectiva caja en un pedazo de papel, me entregó la tarjeta y la crema, y le pagué 3’9€. Al salir de la farmacia abrí el papel para leer el prospecto y me dí cuenta que el tubo de crema estaba perforado. Entré a la farmacia y le pregunté si era normal. La “profesional” de la farmacia, sin ver la crema, me dijo que es posible que hubiera perforado el tubo de la crema con el “cúter”. Lo analizó y me dijo:

“Efectivamente era lo que me temía. Lo siento pero el “cúter” me ha jugado una mala pasada. No tengo más unidades de esta crema, así que te voy a devolver el dinero y deberás buscar este producto en otra farmacia”

¿Podría el médico haber buscado una sala con los “aparatos” necesarios para poder realizar un diagnóstico más preciso? ¿Por qué  no me miró a los ojos? ¿Por qué no se puso guantes?… Y de la persona que me atendió en la farmacia… ¿Seguro que no se dio cuenta que había perforado el tubo de crema con el “cúter”? ¿Qué sentido tiene quitar el código de barras de un producto no subvencionado?…

Proactividad y profesionalidad no siempre van cogidas de la mano, aunque una persona profesional usualmente también es una persona proactiva. Sobre estas dos “palabrejas” me gustaría reflexionar hoy. Vamos al lío…


Como ya escribí en ESTA ENTRADA, ser proactivo se relaciona con tomar la iniciativa y responsabilizarse de los propios actos. Lo que hacemos lo elegimos nosotr@s, lo que nos pasa no es culpa de nadie y tampoco gracias a nadie. Se trata de coger las riendas de nuestra vida y para ello debemos empezar por el lenguaje y pasar de forma progresiva a nuestros actos y a nuestros pensamientos. La proactividad nos aporta la libertad para poder escoger nuestra respuesta a los estímulos del medio ambiente, de ser responsables de nuestras vidas. Nos faculta para responder (responsabilidad) de acuerdo con nuestros principios y valores. Las personas muy proactivas son muy conscientes de su responsabilidad y no suelen decir que su conducta es consecuencia de las condiciones o las circunstancias, sino de su propia elección consciente. Por contra, las personas reactivas se ven afectadas por el contexto (el ambiente físico y el clima social); si el tiempo es bueno, se sienten bien; si el tiempo no es bueno, ya tienen la escusa perfecta. Las personas reactivan suelen construir sus vidas emocionales en torno a la conducta de los otros permitiendo que los defectos u errores de otras personas controlen sus actos.

Las personas proactivas se mueven por valores y las reactivas por sentimientos. Stephen R. Covey

Nadie puede herirte sin tu consentimiento. Eleanor Roosevelt

Se trata de aceptar que somos lo que somos y estamos donde estamos porque lo hemos decido nosotros. Nos sentimos bien o nos sentimos mal porque así lo decidimos. El fantástico libro El hombre en busca de sentido”, Víctor Frankl profundiza de forma excepcional en este sentimiento de control de uno mismo.

¿Cómo podemos ser más proactiv@s?

En primer lugar y posiblemente lo más importante de todo es ser conscientes de quienes somos, es decir, debemos conocernos y aceptarnos tal cual somos en este momento. Si algo no nos gusta, no pasa nada, podemos cambiarlo, es cuestión de una pizca de perseverancia y otra de tiempo.

Podemos también cambiar nuestro lenguaje, en lugar de decir “No puedo hacer nada“, “Me vuelve loco“, “Debo“, “La sala que me han asignado”,… podemos decir “Puedo optar por un enfoque distinto“, “Controlo mis sentimientos” “Elijo“, “Vamos a cambiar de sala“,… El lenguaje es tremendamente importante y de forma inconsciente afecta a nuestras emociones y a las personas que nos rodean (creo haber reflexionado de este tema en ESTA ENTRADA).

Ser conscientes de en qué invertimos nuestro tiempo también nos ayudará a ser más proactivos. Se trata de identificar nuestro círculo de influencia y atacar aquellas cosas que nos preocupan y están dentro de este círculo, es decir, las cosas que podemos cambiar y dependen de nosotros. El resto de cosas, es decir, aquello sobre lo que no tenemos influencia alguna, no se merece nuestra atención. Las personas proactivas se centran en su círculo de influencia y poco a poco lo van ampliando. Por contra, las personas reactivas se centran en su círculo de preocupación global, enfocándose en los defectos de otras personas, en los problemas del medio y en circunstancias sobre las que no tienen ningún control. Se trata de ampliar el círculo de influencia mediante una postura proactiva.

¿Qué hay de la profesionalidad?

La profesionalidad es la característica de aquella persona que desempeña un trabajo con pericia, aplicación, seriedad, honradez y eficacia, o del trabajo así desempeñado.
Podemos ser proactivos y no actuar con pericia en nuestro trabajo porque simplemente no sabemos hacerlo, es decir, no somos profesionales de aquello que pretendemos hacer. Ahora bien, si realmente somos proactiv@s, acabaremos siendo profesionales, porque seremos conscientes de nuestras limitaciones y actuaremos en consecuencia.
Ayer me encontré con un médico y farmacéutica o auxiliar de farmacia de dudosa profesionalidad y proactividad, pero las últimas semanas he tenido la oportunidad de tratar con “profesionales” de distintos campos (docentes, equipos directivos, albañiles, electricistas,…). Los que me han causado una excelente impresión han sido aquellos que han mostrado una actitud proactiva, los que se han centrado en las soluciones y no en los problemas. Los que delante de una adversidad han buscado una solución y no se han paralizado usualmente han sido los más profesionales. Creo que debemos centrarnos en ser más proactivos y y la profesionalidad llegará con el tiempo.
Feliz miércoles,
Imagen destacada de Gerd Altmann en Pixabay

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