La semana pasada leí la entrada “Cuando un robot aprende exámenes algo va mal“, e  inmediatamente la identifiqué como una acertada introducción para mi reflexión de este miércoles. Jaír Amores termina citando a Elbert Green Hubbard:

“Una máquina puede hacer el trabajo de 50 hombres corrientes. Pero no existe ninguna máquina que pueda hacer el trabajo de un hombre extraordinario”

He aquí algunas cuestiones sobre las que cualquier docente debería reflexionar:

¿Estamos construyendo una sociedad de robots? ¿En la pedagogía y didáctica que se aplica en las aulas tiene cabida la creatividad? ¿Los procedimientos, técnicas e instrumentos de evaluación empleados en los centros educativos pueden ser aplicables a un robot? ¿Podría un robot obtener el título de la ESO? ¿Y el de bachillerato?…

Pues vamos al lío…


Son varias las entradas en las que he reflexionado sobre la evaluación, pero es precisamente la que escribí  el pasado mes de junio (“Evaluación por competencias”) la que puede considerarse como introductoria a la que ahora mismo estás leyendo.
Hoy me centraré en ESO y bachillerato, y como ya te comenté en en la entrada “Evaluación en ESO y bachillerato” la evaluación en estos niveles educativos debe:

  1. Ser continua, formativa, integradora, colaborativa y participativa.
  2. Tomar como referencia los criterios de evaluación y los estándares de aprendizaje.
  3. Emplear instrumentos de evaluación variados: rúbricas, exámenes, dianas de evaluación, portafolios,…

Por otro lado, tal y como nos indica el apartado 4.1 de la Orden 38/2017:

“En Educación Secundaria Obligatoria y Bachillerato, así como en
la formación básica de las personas adultas, los contenidos curriculares
y los criterios de evaluación deberán estar orientados a la consecución
de las competencias clave”

Por tanto en la evaluación de estas enseñanzas se deberá tener en cuenta el grado de dominio de las competencias clave, siendo aconsejable emplear instrumentos de obtención de datos que ofrezcan validez y fiabilidad en la identificación de los aprendizajes adquiridos en contextos reales en que se movilicen los conocimientos, las destrezas, los valores y las actitudes de cada alumno o alumna.
Desgranemos cada uno de los aspectos a los que he hecho referencia en los párrafos anteriores:

  1. Evaluación continua, es decir, una evaluación cuya finalidad sea la de detectar las dificultades en el momento en el que se produzcan, analizar las causas y, en consecuencia, reorientar la intervención educativa y adecuarla a la diversidad de capacidades, ritmos de aprendizaje, intereses y motivaciones del alumnado.
  2. Evaluación formativa, lo cual implica que la evaluación sea una herramienta para la mejora tanto de los procesos de enseñanza como de los procesos de aprendizaje (en referencia a esta característica te recomiendo la lectura de la entrada “Evaluar para conocer, examinar para excluir“.
  3. Evaluación integradora, colaborativa y participativa, es decir, aquella que garantice  los medios y las estrategias convenientes para que el alumnado y las familias se integren, colaboren y participen activamente en los diferentes procesos ligados a la evaluación. Para ello es conveniente el trabajo interdisciplinar y por ámbitos de conocimiento, aplicar técnicas de coevaluación y autoevaluación, y en la medida de nuestras posibilidades, hacer partícipes a las familias.
  4. Instrumentos de evaluación variados, lo cual nos permitirá tener una visión holística de nuestro alumnado, pues obtendremos registros de evaluación desde diferentes perspectivas que facilitarán una evaluación más justa.
  5. Criterios de evaluación y estándares de aprendizaje como referentes, así como un aprendizaje orientado a la consecución de las competencias clave. En referencia a este aspecto es necesario un importante cambio en cuanto a la evaluación tradicional. Debemos olvidarnos de evaluar en base a contenidos, y de separar conceptos, procedimientos y actitudes. Se requiere pasar a un modelo de evaluación integral y holística, es decir, un modelo que nos permita evaluar competencias contextualizadas (aquellas relacionadas con la materia o campo de conocimiento) y competencias clave (aquellas de carácter transversal).  Para ello recomiendo ir directamente a la fuente, es decir al currículo, pues es allí donde encontraremos los criterios de evaluación y además, la relación con las competencias clave. LOS DOCUMENTOS PUENTE, son excelentes herramientas de planificación docente pues no facilitan indicadores de logro y nos incluyen temas transversales para cada una de las materias.

¡¡¡Se me terminó el tiempo!!!!

De cualquier modo, para mi próxima entrada prometo ponerte un ejemplo concreto donde se desarrolle este último aspecto (criterios de evaluación y estándares de aprendizaje como referentes de evaluación).


Feliz miércoles,
Raül

IMAGEN DE DESTACADA TOMADA DE PIXABAY

(acceso a la siguiente entrada:

Ejemplo de actividad y evaluación basada en competencias“)

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