Hace un par de semanas leí ESTE POST de José Miguel Bolívar en el que reflexionaba respecto del arte de gestionar excepciones con efectividad. José Miguel afirma que una excepción mal gestionada casi siempre tiene un impacto negativo y puede llegar a tener consecuencias desastrosas. En cambio, una excepción bien gestionada es un ejemplo ideal del «hacer bien las cosas correctas».

Tomando como idea las reflexiones de José Miguel, en el post de hoy reflexionaré sobre la gestión de excepciones y/o la adaptación de la programaciones didácticas. Vamos al lío…


Programación didáctica y excepciones

La programación didáctica es un documento de planificación educativa que nos ayuda a evitar las consecuencias negativas de hacer sin pensar. Una «buena y útil» programación didáctica es un documento que nos permite comportarnos de manera inteligente cuando actuamos en situaciones de alta carga emocional. Si actuamos sin planificación seremos como un barco sin rumbo. ¡¡¡¡OJO!!!! Si durante el trayecto hay tormenta o nos damos cuenta que podemos optimizar, pues no solo debemos actualizar el rumbo (programación didáctica) sino que es de JUSTICIA hacerlo.

Una excepción es una situación cuya gestión no está contemplada en la programación didáctica.

Afirmo que una «buena y útil» programación didáctica será efectiva cuando permite la gestión automática de un alto porcentaje (80-90%) de situaciones y da orientación suficiente para poder gestionar de forma coherente las excepciones restantes (10-20%). Cuando en una programación didáctica no se deja margen para las excepciones, es decir, cuando se intenta dar respuesta al 100% de las situaciones, más que una «buena y útil» herramienta, tendremos una documento burocrático de cajón. Como diría una antigua compañera de inspección: tendremos un documento de CUMPLIMIENTO (cumplo y miento).

De manera análoga, cuando una programación didáctica deja sin contemplar un coherente número de situaciones (50-70%), tendremos igualmente un documento de planificación educativa de dudosa utilidad. En este caso, es decir, cuando tenemos una programación didáctica excesivamente abierta (todo vale y en cualquier momento), usualmente poniendo como excusa la creatividad y adaptación infinita a las necesidades del momento presente, lo que tenemos en realidad es una fuente de errores, el terreno ideal para la falta de competencia e incluso para el caciquismo.

Tipos de excepciones

En la práctica existen dos tipos de excepciones:

  1. Las evitables (por ejemplo, no establecer unas orientaciones claras de evaluación y calificación).
  2. Las inevitables (por ejemplo, la matrícula sobrevenida de un alumno con algún tipo de excepcionalidad).

Las excepciones evitables se producen cuando hacemos algo mal, usualmente se trata de un problema de planificación (reflexión previa a la acción). En cambio, las excepciones inevitables son consecuencia de situaciones imprevisibles (un estado de alarma que rompe por completo con la modalidad de enseñanza presencial, por ejemplo). Cada vez que se produzca una situación imprevisible se generará automáticamente una excepción.

Lógicamente, la forma correcta de abordar cada excepción es diferente.

Gestión de excepciones evitables

La gestión de excepciones evitables debe centrarse en la mejora de la programación didáctica, tomando como principio el hecho que tiene que salir más caro hacer las cosas mal que hacerlas bien. Es necesario tomar notas y tenerlas en cuenta para el siguiente curso. En el fondo (y lo sabes) eso de que cada curso es totalmente diferente, es una excusa muy cuestionable. La respuesta a la excepciones evitables debe recaer en las personas que las han causado.

Gestión de excepciones inevitables

Es imprescindible tener en cuenta que una excepción debe estar relacionada con la programación didáctica. Si lo que llamamos «excepción» no guarda relación con la programación didáctica puede que: (1) no sea una excepción o que (2) la programación didáctica no sea un «buen y útil» documento de planificación.

El primer paso para gestionar eficientemente una excepción inevitable es adoptando una postura proactiva y un enfoque positivo. No se trata de resignase sino de aceptar la situación. Se deben afrontar las excepciones inevitables de manera distribuida. En este caso no existen «culpables».

Recomiendo seguir los siguientes pasos:

  1. Dejar constancia de la excepción. Este primer paso nos permitirá saber si se trata de una excepción evitable o inevitable.
  2. Decidir si la excepción se gestionará en el marco de la programación didáctica, si será necesario una adaptación de la misma o si la gestionaremos de manera independiente. Se trata de acotar la relevancia de la excepción y darle una respuesta acorde con la misma.
  3. Plantear la excepción como opción y una oportunidad de aprendizaje y mejora. Seguro que sacamos algo positivo.

Ten en cuenta que una excepción que se plantea de manera recurrente no es realmente una excepción, sino un fallo grave de la programación didáctica que debes corregir lo antes posible. Lo normal ante una excepción es ser víctima del sistema reptiliano o sistema automático y en consecuencia reaccionar de manera marcadamente emocional. Se trata de gestionar las excepciones de la forma más racional posible.

La programación didáctica debe ser un mapa que nos guíe en el viaje (proceso de enseñanza y aprendizaje). Por su parte, la programación de aula debe ser la herramienta de concreción curricular que nos concrete la ruta a seguir en un día concreto y es precisamente esta guía la que debe contemplar las inquietudes y necesidades presentes del alumnado. Debemos conseguir un documento útil que nos acompañe durante el curso, pero que no nos encorsete y en ningún caso debe hacernos perder el propósito de nuestra labor docente.


Feliz miércoles,

Raül

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Imagen destacada de Ulrike Leone en Pixabay

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