El sábado pasado tuve la fortuna de poder asistir a una excelente jornada formativa en la que se desarrollaron dos provechosas ponencias. En la primera de ellas se nos presentaron interesantes reflexiones sobre la situación actual y las futuras líneas de actuación del trabajo de la inspección educativa. La segunda se centro en las emociones y fue una ponencia de esas que te invitan constantemente a reflexionar, una ponencia con muchas preguntas abiertas y sin respuestas claras ni cerradas.

Paco, así se llama quien nos hizo vibrar en la segunda parte de la jornada, nos propuso valiosas cuestiones que nos hicieron reflexionar sobre nuestra práctica profesional. Estas cuestiones nos las planteaba en base a imágenes y una de ellas fue la siguiente:

¿Qué pretendía Paco con esta imagen?

Si no entendí mal, nos proponía que nos centráramos en lo importante y que no cayéramos en la trampa de las pequeñeces y las relaciones insignificantes. La imagen que seguía a la anterior era la de una tabla relacional de una programación didáctica (me parece que era de una de sus programaciones, je je je) en la que se relacionaban resultados de aprendizaje, criterios de evaluación, contenidos, instrumentos de evaluación, unidades de competencia y criterios de realización (estos dos últimos conceptos aparecen en las cualificaciones profesionales). Se trataba de una de esas “maravillosas” tablas de las programaciones didácticas que cuestan mucho de diseñar, pero más aún de llevar a la práctica.

En base a esta propuesta de Paco, lanzo mi reflexión de este miércoles…


Las programaciones didácticas deben ser documentos de planificación rigurosos, técnicos, pero también ágiles y prácticos. Todos sus apartados deben dar respuesta a un objetivo concreto, de forma que debemos dejar las florituras para otro tipo de documentos. En una programación didáctica…

  • ¿Cuál es el objetivo del apartado contenidos? Indicar el qué van a aprender las alumnas y los alumnos.
  • ¿Cuál es el objetivo del apartadometodología? Explicar el cómo va a desarrollarse el proceso de enseñanza y aprendizaje.
  • ¿Cuál es el objetivos del apartado evaluación? Especificar el qué y el cómo evaluaremos y calificaremos el aprendizaje de nuestro alumnado.

Si tenemos siempre presente el sentido de cada uno de los apartados de una programación didáctica, estoy seguro que el resultado será un documento práctico y provechoso para nuestra labor docente. Es posible que en un apartado, por ejemplo en las tablas de unidades didácticas, nos acerquemos a “Matrix”, pero en cualquier momento debemos poder levantar la cabeza de esas “maravillosas” tablas relacionales e identificar el “para qué” de esa unidad didáctica.

Como ya he comentado en varias de mis anteriores entradas, el “para qué“, debemos buscarlo en los resultados de aprendizaje (FP) y en los criterios de evaluación (primaria y secundaria). Unos conceptos que deben siempre contextualizarse y adaptarse a la realidad de nuestro alumnado y de nuestro centro educativo.

Por mis manos pasan muchísimas programaciones didácticas. Algunas son libros de pedagogía sin sentido alguno. Otras tantas son una versión extendida del currículum: excelentes documentos relacionales de elementos curriculares dispares o bien extractos sin pies ni cabeza de párrafos del currículum. En muchos casos me quedo perplejo y entro en un mundo “Matrix”. Me pregunto si estos modelos de programación didáctica pueden llevarse realmente al aula.

Imagen de Clker-Free-Vector-Images en Pixabay

 

Por cierto, Paco es sociólogo, profesor de FP y tiene un blog (https://botedeplumas.wordpress.com/). Además, estoy seguro que está leyendo esta entrada, así que…

Muchísimas gracias por hacernos vibrar el sábado pasado. Espero contar contigo para una futura publicación. Aquí te dejo el reto… “nadie es maestro en su tierra”.

Feliz miércoles,

Raül

Imagen destacada de Gerd Altmann en Pixabay

 

 

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