Viktor Frankl es su libro “El hombre en busca de sentido” afirma que sólo existen dos tipos de personas: las decentes y las indecentes. Inicialmente me pareció una afirmación radical (o todo blanco o todo negro), pero después de madurar su propuesta he llegado a compartirla por completo, a saber:

  • Una persona decente (buena), puede tener un desliz a o largo de su vida y causar/provocar/respaldar/desarrollar una acción indecente (mala), pero con el paso del tiempo la balanza tenderá siempre hacía la decencia.
  • Del mismo modo, una persona indecente (mala) puede, en un momento dado, causar/provocar/respaldar/desarrollar una acción decente (buena), pero a la larga, la balanza tenderá siempre hacía la indecencia.

Ya lo decía Aristóteles:

Somos lo que hacemos día a día. De modo que la excelencia no es un acto, sino un hábito

En un centro educativo, como en cualquier otra institución o faceta de la vida, te encontrarás con personas decentes e indecentes, así es la vida. Este asunto (decencia e indecencia) ligado a la posición de poder es un tema del que te hablaré en un futuro, aunque prefiero no hacerlo hoy, simplemente no es el momento, debo madurar algunos conceptos.
Hoy, tal y como tenía previsto, escribiré sobre el segundo y tercer hábito propuesto por Stephen R. Covey en su libro “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva“:

“Comience con un fin en mente”

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=6CKzFNFOkMs]

Este es el hábito del liderazgo personal, que indica la necesidad de comenzar cada día con un claro entendimiento de la dirección y del destino que deseamos seguir. Piensa en la construcción de una casa: se dibuja un plano (la primera creación), posteriormente se construye la casa (la segunda creación). En los centros educativos debería ocurrir lo mismo:  (1) primero definir el qué y el cómo (Proyecto Educativo de Centro, en adelante PEC), (2) posteriormente ejecutar el què y el cómo (pasar a la acción)

“Poner primero lo primero”

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=khwFICSvCjA]

Obviamente este hábito está estrechamente relacionado con el anterior. Primero el (1), después el (2), después el (3),… Se trata de ser coherente: “Step by step
Lamentablemente en muchos centros educativos al PEC no se le otorga la importancia que debiera, y es por ésto que se producen situaciones de descontrol y de falta de coherencia que dinamitan el clima y la cultura de trabajo. Aquellos dirigentes que afirman que el PEC no es necesario, simplemente les diría que reflexionen, que tengan en cuenta la importancia de su labor. Es una cuestión de decencia e indecencia, si no se sabe, por favor, póngase a un lado y deje que otros hagan el trabajo que debería hacer usted, o bien aprenda a hacerlo.
Ya hace unos cuantos años que se habla de “innovación educativa“, pero lamentablemente existen errores en su aplicación. Manuel Rivas Navarro, en su libro “Innovación educativa: Teoría, procesos y estrategias, define:

«Innovación educativa es la incorporación de algo nuevo en el sistema de la institución escolar, cuyo resultado es la modificación de su estructura y operaciones, de tal modo que mejoren sus efectos en orden al logro de los objetivos educativos»

Por tanto:

Innovar es incluir algo nuevo que modifica la realidad existente introduciendo mejoras de acuerdo a unos objetivos educativos.

¿Se puede innovar sin saber quien eres (misión, visión, principios, objetivos)? ¿Se puede innovar sin definir las normas del juego (reglamento de régimen interno)? ¿Se puede innovar sin definir puntos en común (orientaciones metodológicas, orientaciones para la evaluación,…)?…

Me atrevo a afirmar que cualquier innovación educativa que no esté fundamentada en un PEC coherente y compartido por la mayoría de miembros de la comunidad educativa está destinada al fracaso. Es cuestión de tiempo, pues la ilusión inicial ligada a un proyecto aparentemente innovador e ilusionante se desmoronará cuando empiecen a surgir los problemas ligados a la inexistencia del PEC. Es algo así como construir la casa (2), antes que hacer los planos (1), es decir, comenzar sin tener el fin en mente y sin priorizar (recuerda: poner primero lo primero), pues el fin requiere de conocerse a uno mismo, saber cual es la realidad y cuales son las capacidades e ilusiones reales del claustro, y obviamente, saber cuales son las necesidades y prioridades de actuación.

De nada sirve iniciar un “proyecto de innovación educativa” sin haber definido la visión, misión y objetivos prioritarios de la escuela, pues bien pronto aparecerá la incoherencia, y con ella los conflictos y sin normas comunes, los conflictos provocarán un clima y una cultura de desánimo generalizado (poca eficiencia y mucho “pasotismo”).

Direccio

Si eres una persona decente y tienes una posición de poder en un centro educativo, por favor, reflexiona sobre lo que aquí te he escrito, pues en tus manos tienes el rumbo de un barco que puede llegar a buen puerto o puede perderse en el océano.

Pasa un día genial,

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