Este es el tercer y último artículo sobre la obra de Adam Grant: «Piénsalo otra vez». En el primer artículo aprendimos la importancia de abrir la mente. En el segundo conocimos algunas estrategias para ayudar a los demás a abrir su mente. Hoy veremos cómo crear comunidades de aprendices vitalicios y además conoceremos las conclusiones de Adam Grant referentes al hecho de reconsiderar nuestros planes mejor trazados para ser más felices.


Conversaciones tensas. Despolarizar los debates más enconados

Las personas tenemos el impulso de buscar la claridad, de obtener conclusiones y simplificar la compleja realidad en dos categorías: sesgo binario. Ahora bien, presentar dos extremos no es la solución; es parte del problema de polarización, tal vez el principal problema. La solución ante esta tendencia es potenciar la complejidad: presentar una variedad de puntos de vista sobre cualquier tema.

Resistirnos al impulso de simplificar es una decisión que nos convierte en personas mejor preparadas para argumentar y debatir. Actuar de este modo tiene profundas implicaciones en la forma de comunicarnos sobre temas muy polarizados. ADAM GRANT

La polarización («nosotros contra ellos») provoca que las personas indecisas, cuando tienen que decidir entre uno de los bandos, por la presión emocional, la política y/o la económica, se desvinculen o menosprecien el problema.

Es importante tomar la decisión consciente de adoptar un punto de vista matizado y reconocer la complejidad como señal de credibilidad.

En general, las personas negamos la existencia de un problema si no vemos la solución con buenos ojos. Incluir tonos grises en un debate puede ayudar a desplazar la atención. Preguntar «cómo» reduce la polarización y prepara el terreno para conversaciones más constructivas.

GRANT recomienda, como en otras partes del libro, utilizar el estilo científico para comunicar la complejidad de los problemas. Nos propone tres estrategias:

  • (1) Describir las limitaciones de cada estudio.

  • (2) Destacar las contingencias (lugares y poblaciones donde un efecto determinado puede cambiar).

  • (3) Priorizar el relato exacto y preciso sobre la narrativa coherente.

Valorar la complejidad nos recuerda que ninguna conducta es efectiva al 100 % y que todos los remedios tienen consecuencias indeseadas. ADAM GRANT

Asumir la perspectiva del otro usualmente no funciona. Es una suposición, generalmente equivocada. Lo que sí parece funcionar es averiguar cuáles son los puntos de vista del otro, sus matices y opiniones. De nuevo, se trata de actuar como los científicos: poner a prueba las hipótesis a partir de nuevas conversaciones y no obtener conclusiones a partir de pocos indicios.

Incluso cuando estamos en profundo desacuerdo con alguien sobre un problema social, pero descubrimos que esa persona siente una sincera preocupación por el tema, confiamos más en ella. Puede que siga sin caernos bien, pero vemos su pasión por un principio ideológico como una señal de integridad. Rechazamos la idea, pero aprendemos a respetar a la persona que la sostiene. Poner de manifiesto ese respeto al inicio de la conversación puede ayudar mucho. ADAM GRANT

Es decir: las conversaciones tensas piden a gritos matices.


Reescribir libros de texto. Enseñar a los estudiantes a cuestionar el conocimiento

Cada vez que intentamos ayudar a alguien para que piense otra vez, estamos impartiendo una especie de educación. ADAM GRANT

Hay una gran diferencia entre aprender sobre las falsas creencias de otras personas y aprender a dejar de creer en determinadas cosas por nosotros mismos (autoaprendizaje).

El objetivo no es tanto tener la razón como desarrollar las competencias necesarias para analizar las opiniones divergentes y poder discutir de manera productiva. ADAM GRANT

Hay que enseñar a pensar a los niños y a las niñas como si siempre tuvieran que comprobar la veracidad de la información que reciben:

  • Cuestionar la información en lugar de limitarse a asumirla.

  • Priorizar la fiabilidad sobre el estatus y la popularidad.

  • Comprender que el emisor de la información usualmente no es la fuente primaria.

Si además queremos ser más efectivos en nuestra tarea de enseñanza, debemos tener muy presente que en el aprendizaje activo el alumnado debe realizar más esfuerzo mental, lo cual implica mayor aprendizaje.

Si durante los años que pasas en el colegio no haces nada más que recibir información, y nunca te dan la oportunidad de cuestionarla, no vas a desarrollar las herramientas para reconsiderar las cosas que necesitas en la vida. ADAM GRANT

Las personas más prestigiosas no necesariamente son las que más conocimiento tienen, sino las que tienen nuevas formas de pensar y repensar. Tal vez, el secreto de las personas más sabias sea tener la mente abierta y responder a la confusión con curiosidad e interés.

Los buenos profesores presentan nuevas ideas, pero los grandes profesores nos enseñan nuevas formas de pensar. ADAM GRANT


Aquí no lo hacemos así. Construir una cultura de aprendizaje en el trabajo

En las culturas de aprendizaje, las personas deben saber lo que no saben, dudar de las prácticas habituales y conservar la curiosidad para probar nuevas rutinas. Además, las culturas de aprendizaje solo pueden prosperar al combinar seguridad psicológica y responsabilidad.

Cuanta más seguridad psicológica tenga un equipo, más comunicará los errores y más aprenderá, porque podrá descubrir las causas y corregirlas. Fomentar la seguridad psicológica no es bajar los estándares; es crear un clima de respeto, confianza y tolerancia donde todo el mundo puede expresar sus inquietudes y preocupaciones sin miedo a represalias.

Por su parte, en las culturas basadas en el rendimiento, el foco se pone en el resultado y en muchos casos esto perjudica la seguridad psicológica.

Podemos pensar que la responsabilidad y la rendición de cuentas son contrarias a la seguridad psicológica, pero realmente son procesos independientes:

  • Cuando la seguridad psicológica no convive con la responsabilidad y la rendición de cuentas, las personas nos quedamos en nuestra zona de confort (estancamiento).

  • Cuando hay rendición de cuentas, pero no hay seguridad psicológica, las personas nos quedamos calladas dentro de nuestra zona de ansiedad (infelicidad).

  • Solo cuando combinamos ambos (seguridad psicológica y responsabilidad) creamos la zona de aprendizaje (crecimiento y felicidad).


Adam Grant finaliza su obra con una cuarta parte a la que titula «Conclusión», en la que reflexiona sobre:

Escapar de la visión unidireccional. Reconsiderar los planes vitales y profesionales que nos hemos marcado

La persistencia en un plan que no sale como se esperaba se conoce como «aumento del compromiso». Esto ocurre porque somos criaturas racionales que buscamos constantemente autojustificaciones para las creencias del pasado como un medio para calmar nuestro egocentrismo, proteger nuestra imagen y validar decisiones anteriores.

En todo caso, debemos ser conscientes de que existe una fina línea entre la persistencia heroica y la cabezonería estúpida.

Tu identidad futura no existe en el presente y tus intereses pueden cambiar con el tiempo. [...] Una identidad hipotecada puede obstaculizar la evolución personal. ADAM GRANT

Debería aprenderse a repensar cosas tan sencillas como nuestras propias costumbres, e incluso abrir la mente a cambios vitales más importantes.

ADAM GRANT afirma que cuanto más valoramos la felicidad, menos contentos nos sentimos con nuestra vida. ¿Por qué? Copio textualmente la respuesta de GRANT:

Una posible respuesta es que cuando nos dedicamos a buscar la felicidad, estamos demasiado ocupados evaluando nuestra vida como para sentirla de verdad. En lugar de disfrutar de nuestros momentos de placer, no dejamos de pensar en las razones por las que nuestra vida no es más placentera. Un segundo culpable podría ser que dedicamos demasiado tiempo y esfuerzo a alcanzar el nivel máximo de felicidad, sin darnos cuenta de que el bienestar depende más de la frecuencia con la que sentimos emociones positivas que de su intensidad. Un posible tercer factor es que cuando vamos a la caza de la felicidad, concedemos un énfasis excesivo a los momentos de placer a expensas de tener un propósito o una finalidad. Esta teoría encaja con los datos que señalan que tener un sentido en la vida es mucho más saludable que la felicidad en sí; y que en comparación con las personas que solo buscan el placer, las personas que buscan un propósito en su trabajo tienen más éxito —y menos posibilidades de dejarlo— cuando se dedican a sus pasiones. Mientras el placer viene y se va, el sentido y el propósito tienden a prolongarse en el tiempo. Una cuarta explicación es que el concepto occidental de felicidad, como un estado individual, acaba provocando que nos sintamos solos. En las culturas orientales, más colectivas, este patrón se produce a la inversa: buscar la felicidad anticipa un mayor bienestar, porque la gente prioriza las relaciones sociales sobre las actividades individuales. ADAM GRANT

Y es que la felicidad depende más de lo que hacemos que de lo que somos, como escribió Ernst Hemingway: «No puedes huir de ti mismo por el mero hecho de trasladarte de un lado a otro».

En cuanto al trabajo, es más recomendable buscar un empleo en el que pensemos que podemos aprender y contribuir que un sitio en el que pensemos que seremos felices. Hay que recordar que las pasiones se desarrollan, no se descubren.

Solo son felices aquellos que tienen la mente puesta en algún objetivo que no sea su propia felicidad; en la felicidad de los demás, en el progreso de la humanidad o incluso en algún arte o afición, que no se persigue como un medio, sino como un ideal en sí mismo. Así, aspirando a otras cosas, encuentran la felicidad por el camino. JOHN STUART MILL

No hay una única definición de éxito ni un único camino a la felicidad, seguro que el tuyo y el mío son distintos, ahí está la gracia. Recuerda que en muchas ocasiones es más efectivo cambiar nuestras acciones cotidianas para que encajen mejor en nuestros valores, intereses y habilidades que cambiar, por ejemplo, de puesto de trabajo.

El libro finaliza con la siguiente reflexión:

Nuestras identidades son sistemas abiertos, como nuestras vidas. No tenemos que atarnos a nuestras visiones del pasado sobre el lugar adonde queremos llegar o la persona que queremos ser. La forma más sencilla de empezar a reconsiderar nuestras opciones es cuestionarnos lo que hacemos cada día. Hace falta tener humildad para reconsiderar los compromisos del pasado, dudas para cuestionar las decisiones del presente, y curiosidad para volver a imaginar los planes de futuro. Lo que descubramos por el camino puede liberarnos de las cadenas de nuestro entorno más cercano, así como de las identidades del pasado. El acto de reconsiderar nos libera para hacer mucho más que actualizar nuestros conocimientos y opiniones: es una herramienta para tener una vida más gratificante. ADAM GRANT


Feliz finde.

Raül

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