En ESTE ARTÍCULO inicié mis reflexiones sobre la obra de Adam Grant (Pensar con claridad) y también indiqué que en los últimos meses he puesto el foco en aprender a pensar mejor. Las lecturas de los últimos meses se han centrado en esta temática y en futuros artículos compartiré contigo mis anotaciones y reflexiones, pero hoy rescato un libro del ámbito pedagógico que leí el año pasado:

El libro se estructura en 8 capítulos. Los analizo uno a uno de manera breve. Vamos al lío...


La importancia del pensamiento eficaz

Los autores afirman que para lograr un pensamiento eficaz se requiere:

  • Destrezas de pensamiento: emplear procesos mentales específicos y apropiados.

  • Hábitos de la mente: conducir los procesos mentales para conseguir comportamientos amplios y productivos.

  • Metacognición: desarrollar las destrezas y los hábitos valorando lo que hacemos de acuerdo con lo que se nos pide o necesitamos y con un plan previamente definido.

Aunque, a través de «prueba-error», es posible desarrollar un pensamiento eficaz con el tiempo, este aprendizaje inconsciente suele llevar consigo malos hábitos que luego cuesta mucho eliminar. Por tanto, enseñar a pensar de manera eficiente significa enseñar de forma deliberada, explícita y directa. Para ello, los autores recomiendan enseñar a pensar a través de los «contenidos» propios de cada asignatura («infusión»).


Enseñar con destreza: ejemplo de clase

En el segundo capítulo se presenta un ejemplo práctico de cómo una profesora (la señorita Fischer) desarrolla una clase directa para explicar el «cernícalo» y, además, a través de la «infusión», desarrolla «destrezas de pensamiento», «hábitos de la mente» y «metacognición».

Se describe la forma de enseñar las partes para comprender un conjunto global, con el fin de tener una visión clara de lo que es la enseñanza directa. Para ello, se emplean mapas de pensamiento con base en preguntas que invitan a la reflexión de una manera secuencial y progresiva: ¿Qué partes forman el objeto? ¿Qué ocurre si faltara una parte? ¿Qué función tiene cada una de esas partes?...

Los pasos que sigue son:

  • (1) Introducir al alumnado en el análisis eficaz de la relación «partes-todo».

  • (2) Detenerse para dejar claro en qué consiste el pensamiento eficaz.

  • (3) Guiar al alumnado a través de la aplicación activa del análisis eficaz de las partes para comprender el todo.

  • (4) Instar al alumnado a pensar con destreza sobre los elementos que conforman el análisis de las partes en relación con el todo.


Enseñanza directa y pensamiento eficaz

En el tercer capítulo se propone emplear la enseñanza directa como estrategia para enseñar a pensar de manera eficaz. Ahora bien, proponen «infusionar» la enseñanza de los «contenidos» de cada disciplina con las habilidades y destrezas de pensamiento.

Explican que una «buena enseñanza directa» es una forma de enseñar:

  • (1) Con objetivos claros y definidos,

  • (2) Que se centra en una tarea o contenido específico,

  • (3) Que explica con claridad los pasos necesarios en la tarea de aprendizaje,

  • (4) Que realiza actividades de aprendizaje cuidadosamente estructuradas,

  • (5) Que proporciona casos prácticos en abundancia y

  • (6) Que lleva el control del progreso del alumnado mediante respuestas inmediatas susceptibles de ser corregidas.

El nivel de autonomía del alumnado aumenta según se incrementa su nivel de expertez. Es decir, la intervención del profesorado decrece conforme se incrementa el nivel de expertez del alumnado.

Por tanto, todas las lecciones de una enseñanza directa deben:

  • (1) Estudiar y revisar la destreza o el hábito trabajado,

  • (2) Propiciar que el alumnado aplique varias veces esa destreza o hábito,

  • (3) Facilitar que el alumnado reflexione en voz alta sobre cómo y por qué los ha aplicado,

  • (4) Animar al alumnado a compartir sus observaciones e impresiones con sus compañeros y

  • (5) Provocar que el alumnado resuma o revise cómo los ha aplicado y qué ha aprendido.

Se resalta la importancia de la «transferencia del conocimiento» y se aconseja que el profesorado diseñe situaciones de aprendizaje en las que el alumnado aplique conocimientos adquiridos en otras asignaturas o momentos a una determinada situación en la que, a priori, no sería necesario.

Algunas técnicas clave en la enseñanza del pensamiento eficaz serían:

  • (1) Explicar con claridad las destrezas de pensamiento o hábitos de la mente (estado actual y el estado ideal), a través, por ejemplo, de mapas estratégicos de pensamiento.

  • (2) Estructurar la práctica del pensamiento, a través de, por ejemplo, diagramas de flujo o listas de cotejo.

  • (3) Emplear el mismo lenguaje que emplean las destrezas de pensamiento y los hábitos de la mente, es decir, siempre el mismo lenguaje y las mismas referencias para que el alumnado sepa en todo momento a lo que nos referimos.


Metacognición: pensar sobre cómo pensamos

Una definición directa y sencilla de la «metacognición» es «pensar sobre el propio pensamiento».

Los autores proponen utilizar la «escalera de la metacognición»:

  • (1) Uso táctico: ¿Qué he aprendido? El objetivo es tomar consciencia del propio pensamiento y de los conocimientos o habilidades adquiridos.

  • (2) Uso consciente: ¿Cómo lo he aprendido? En este peldaño se pretende identificar y describir los pasos y estrategias que se han seguido para lograr ese aprendizaje.

  • (3) Uso estratégico: ¿Para qué me ha servido? Es momento de evaluar la utilidad y la eficacia de la estrategia aplicada, encontrando un sentido práctico a lo aprendido.

  • (4) Uso reflexivo: ¿En qué otras situaciones puedo utilizarlo? El objetivo en este último peldaño es planificar y transferir el conocimiento a nuevos contextos e incluso anticipar su uso en el futuro.


El pensamiento eficaz por escrito

Los autores defienden que la elección de las palabras y las frases es primordial, tanto para el contenido como para reflejar el acto de pensamiento que lleva implícito el trabajo. Escribir nos permite llegar a un nivel de pensamiento reflexivo, creativo y crítico que no es posible cuando empleamos la comunicación oral.

Los autores proponen dedicar tiempo a organizar los pensamientos antes de escribir, a través, por ejemplo, de organizadores gráficos, mapas de redacción meditada u otras herramientas similares, que deben diseñarse según el propósito que se persiga: comparar y contrastar, tomar decisiones, persuadir, comprobar...


Evaluar el pensamiento eficaz

Sabemos que la evaluación bien planteada es una poderosa herramienta de mejora. En el ámbito educativo, el principal objetivo de la evaluación debería ser el de informar al alumnado para motivarlo a llevar su propio control del progreso (evaluar para conseguir la autonomía).

Los autores proponen emplear una «espiral de reacciones» que refuerce el aprendizaje continuo. La espiral plantea un proceso dinámico de crecimiento continuo que no solo es aplicable al proceso de enseñanza y aprendizaje del alumnado; también podemos aplicarla, por ejemplo, a nuestra propia forma de proceder. Esta espiral se basa en 4 preguntas:

  • (1) ¿Qué hago? (Descripción de la acción).

  • (2) ¿Por qué lo hago? (Sustento y justificación).

  • (3) ¿Cómo ven los otros lo que hago y cómo lo veo yo? (Confrontación de perspectivas).

  • (4) ¿Cómo puedo mejorar lo que hago? (Reencuadre y optimización).

En cualquier caso, para evaluar el pensamiento eficaz es necesario utilizar diferentes instrumentos (preguntas tipo test, rúbricas, diarios, portafolios...) focalizados expresamente en aquello que queremos evaluar (comparar, tomar decisiones...).


Desarrollar un currículo basado en el pensamiento

Los autores no se «mojan» y no proponen una única estructura curricular.

Se indica que dialogar sobre los objetivos de aprendizaje lleva al profesorado a reconocer que algunos requieren una metodología dirigida y otros una actividad diferente pero integrada (infusión). Una posibilidad es «secuenciar la enseñanza del pensamiento eficaz (o los objetivos y las competencias clave) por grados de experiencia». Otra opción es «secuenciar la enseñanza del aprendizaje eficaz (o los objetivos y las competencias clave) por grupos de destrezas».

Los autores también reflexionan sobre el «aprendizaje basado en un problema», una posibilidad también perfectamente válida, aunque requiere una planificación rigurosa si se quiere que la resolución traiga consigo el aprendizaje basado en el pensamiento eficaz. Es necesario facilitar el aprendizaje de los contenidos y de las estrategias para resolver problemas a través de destrezas de pensamiento crítico y creativo. Es decir, no se trata únicamente de resolver el problema, sino de aprender a resolverlo de manera eficaz.

En conclusión, las clases tremendamente estructuradas utilizadas para introducir al alumnado en un tipo de destreza de pensamiento son muy importantes para iniciar el proceso basado en el pensamiento; ahora bien, es necesario dotar de autonomía al alumnado y, por tanto, reducir progresivamente esta estructuración.

Los autores defienden la tesis de que no existe una respuesta única en referencia al «dónde y cuándo» iniciar esta desestructuración. Ahora bien, proponen 3 formas de enfocar la respuesta:

  • (1) Introducir procedimientos para todos los tipos de pensamiento eficaz y hábitos de la mente en los primeros años de escolarización, a través de estrategias simplificadas, y posteriormente pulir y complicar estas técnicas.

  • (2) Seleccionar e introducir primero los tipos de pensamiento eficaz designados como básicos y secuenciar después la enseñanza de otros basados en estos.

  • (3) Reestructurar el currículo en unidades basadas en un problema, trabajar primero la resolución eficaz de problemas y la toma de decisiones, acompañadas de los correspondientes hábitos de la mente, y después refinar estos procesos y aplicarlos a unidades organizadas de resolución de problemas y toma de decisiones.

Estas 3 alternativas no son excluyentes, pero requieren de un proyecto curricular previamente definido por el centro educativo (línea pedagógica, propuesta pedagógica y programación de aula). Es decir, no existe la propuesta ideal de desarrollo curricular, pero sí es necesario establecer una estrategia: una línea pedagógica.


Liderazgo: mejorar la ecología intelectual en el centro escolar

En este último capítulo se desarrolla una serie de conceptos ligados a una supuesta historia de un líder educativo (un director). El líder crea un clima de confianza y colaboración que fomenta la formación y la mejora en el claustro, de forma que se introducen, de manera desestructurada, diferentes destrezas del pensamiento eficaz en las aulas.

Se sigue un plan pausado (3 cursos) y finalmente se decide institucionalizar la forma de enseñar, hasta el momento prácticamente improvisada. Para institucionalizar esta forma de enseñar, el claustro desarrolla un «proyecto curricular» en el que incluye las destrezas del pensamiento en el currículo, pero esto se hace a posteriori, es decir, se emplea una estructura inductiva. Se organizan por años y se complementan con los contenidos adecuados, con el fin de maximizar el resultado.

Termina el capítulo explicando lo que para los autores son las «cualidades del líder»:

  • (1) Establecer normas y valores compartidos: situaciones ideales, principios y valores (PEC).

  • (2) Generar y mantener la confianza: la retórica no vale; se requieren interacciones francas y consideradas entre las personas, con el objetivo de facilitar la aceptación, la fiabilidad, la apertura y la coherencia. El líder debe proyectar: benevolencia, honradez e integridad, franqueza, fiabilidad y competencia.

  • (3) Facilitar el diálogo reflexivo: hacer pausas, parafrasear, profundizar y aclarar, poner sobre la mesa y retirar las propias ideas, prestar atención a uno mismo y a los demás...

  • (4) Apoyar la orientación.

  • (5) Fomentar la colaboración.

  • (6) Disponer de oportunidades para la reflexión cooperativa sobre el rendimiento de los miembros de los equipos.

  • (7) Estimular el aprendizaje continuo.


Al cerrar este libro de Swartz y sus colegas, me reafirmo en una idea que veo a diario en los centros: planificar y programar no es burocracia, es la base para lograr resultados efectivos. Necesitamos, primero, una estrategia clara (línea pedagógica) alineada con nuestros objetivos; y, segundo, una táctica didáctica que acompañe al alumnado con estructuras claras para que, poco a poco, conquiste su propia autonomía.

Y tú, ¿enseñas a pensar de forma explícita o confías en el prueba-error?

Feliz finde.

Raül

¿Te ha gustado el post?

¿Me ayudas a difundir?

¿Te apuntas a «Ayuda Efectiva»?

Texto escrito por mí. He empleado la IA únicamente para la imagen principal, la corrección ortotipográfica y la organización de las ideas

Imagen destacada generada con IA

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.