La disposición adicional cuarta de la LOMLOE hace referencia a la evolución de la escolarización del alumnado con necesidades educativas especiales. Textualmente se puede leer lo siguiente:


Las Administraciones educativas velarán para que las decisiones de escolarización garanticen la respuesta más adecuada a las necesidades específicas de cada alumno o alumna, de acuerdo con el procedimiento que se recoge en el artículo 74 de esta Ley. El Gobierno, en colaboración con las Administraciones educativas, desarrollará un plan para que, en el plazo de diez años, de acuerdo con el artículo 24.2.e) de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de Naciones Unidas y en cumplimiento del cuarto Objetivo de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030, los centros ordinarios cuenten con los recursos necesarios para poder atender en las mejores condiciones al alumnado con discapacidad. Las Administraciones educativas continuarán prestando el apoyo necesario a los centros de educación especial para que estos, además de escolarizar a los alumnos y alumnas que requieran una atención muy especializada, desempeñen la función de centros de referencia y apoyo para los centros ordinarios.


Esta disposición adicional no ha dejado indiferente a las personas y organizaciones a favor y en contra de los centros y aulas de educación especial. Unos afirman que a este tipo de centros y aulas les quedan 10 años de vida. Otros denuncian la falta de valentía y claridad con respecto a la implantación de una escuela realmente inclusiva.

Hace unas semanas leí ESTE ARTÍCULO (Contra la inclusión que excluye) y ESTE OTRO (Una escuela para todas y todos, con todas y con todos).  Ambos artículos defienden posturas totalmente contrarias. Por mi parte me gustaría compartir con todas y con todos vosotros la opinión de Jaír Amores, autor del formidable blog www.efectivida.es. Jaír me escribió un correo electrónico hace más de dos años preguntándome sobre las aulas enclave (aulas específicas). En ese momento le facilité argumentos a favor y en contra de este tipo de aulas y centros. Es cierto que le di mi sincera opinión, pero también le comenté que se trataba de una opinión personal. Le recomendé analizar con mucho detenimiento los pros y los contra. Finalmente Jaír y su mujer decidieron escolarizar a su hija en un aula enclave (aula específica).

Después de leer los artículos del párrafo anterior me acordé de Jaír y le propuse que nos contara su experiencia en esta aula enclave. Pues eso es lo que te traigo hoy.

Jaír, la palabra es tuya:


Cuando uno tiene su primer hijo, caen del cielo, de pronto, un torrente de ilusiones acompañados de temores de todo tipo. En nuestro caso, hace ya 16 años, nos nació una niña preciosa. Una gran responsabilidad que intentamos cumplir con dedicación y cariño.

Recuerdo con cariño ese primer día de clase. Por primera vez, dejábamos a nuestra hija a cargo de unos desconocidos. Debo decir que su primera maestra fue un regalo. Una de esas profesoras que aman su oficio.

Aunque éramos padres primerizos, ya sabíamos que algo no andaba bien con nuestra hija. En algunos ámbitos, su progreso era normal, pero no así en otros. Así que cuando la profesora nos comentó que a la niña le costaba avanzar en algunas áreas, no fue una sorpresa.

Después de muchas pruebas médicas, le diagnosticaron retraso madurativo. En otras palabras, no se encontró nada físico ni mental que supusiera un problema definido ni un síndrome, pero obviamente, su progreso no era el correspondiente a su edad. En el caso de nuestra hija, el problema era, sobre todo, la comprensión y la expresión. Si como a la mayoría de los mortales, a ti tampoco te gustan mucho las matemáticas, imagina cómo debe ser aprender conceptos abstractos como esos a una niña con dificultades de aprendizaje.

El seguimiento, el tacto, el cariño, y los buenos consejos recibidos por su primera profesora, así como de los distintos orientadores escolares, y otros profesionales de la enseñanza fue, salvo alguna excepción, extraordinario. Nos sentimos respaldados y respetados.

Una de las ventajas de la educación en España son las clases de apoyo, que ayudaron muchísimo a nuestra hija.

Al final, llegó el momento de tomar decisiones importantes. Con 14 años, nuestra hija debía pasar de primaria a secundaria. La orientadora escolar nos propuso 3 opciones:

  1. Una clase de ESO adaptada
  2. Un centro especial
  3. Un aula ENCLAVE.

Nuestra hija ya estaba recibiendo clases de apoyo y tenía un plan de estudios adaptado, así que la primera opción era una continuación de lo mismo.

La segunda opción no nos parecía conveniente, porque aunque nuestra hija tiene dificultades de aprendizaje, no son tan serias como para un centro de ese tipo.

La tercera opción sonaba interesante. Las aulas ENCLAVE son clases reducidas en donde se enfocan en habilidades prácticas para la vida, al mismo tiempo que se siguen fomentando las materias básicas. Y todo, de una forma muy personalizada.

Un detalle que tuvieron con nosotros fue invitarnos a visitar un aula ENCLAVE. Esto nos permitió ver cómo funcionaba desde dentro.

Imagen de free stock photos from www.picjumbo.com en Pixabay

Finalmente, nos decantamos por la tercera opción. En total, nuestra hija estuvo 2 años en el aula ENCLAVE. Por desgracia, perdimos unos cuantos meses por el confinamiento. Además, en el último curso, algunas actividades que tuvieron en un inicio, como ir a la piscina, fueron canceladas por las restricciones por COVID. 

Las sensaciones con el profesorado han sido buenas. Su dedicación ha sido digna de encomio. Además, contar con dos profesoras para un grupo de menos de 10 alumnos permite un grado de atención altísimo. 

En el aula ENCLAVE les han enseñado sobre todo a tener autonomía personal. Aprenden a cocinar, a manejar dinero, a usar las nuevas tecnologías… Además, refuerzan la parte académica de forma personalizada. 

Así que, en general, estamos contentos con la elección que hicimos. Y como padres, estamos muy agradecidos a este recurso educativo. 

Sin embargo, hay dos puntos que no nos han convencido del todo, aunque entendemos que deben ser así. Me explico: 

  1. En el aula había diferentes niveles académicos y de comportamiento. Algunos niños tenían comportamientos violentos, y en varias ocasiones hubo que llamar a la policía por agresiones al profesorado. Esta situación, que se repitió los dos cursos, provocaba que nuestra hija fuera nerviosa a clase. Obviamente, no estábamos allí para tener un cuadro completo, pero sí llegamos a la conclusión de que había niños que quizá necesitaban otro tipo de centros algo más especializados. Nuestra hija nunca ha tenido comportamientos violentos, ni mucho menos. Es tímida y tranquila. Por otro lado, el tipo de problemáticas de otros niños justificaba por parte de las profesoras que se involucraran mucho en su vida personal. En varias ocasiones tuvimos que recordarles que los padres éramos nosotros, y que estábamos trabajando duro por reforzar su educación en casa. Me refiero sobre todo a temas de higiene íntimos o educación sexual. Entendemos que, quizá otros padres no se preocuparan tanto por sus hijos, y eso motivara a las profesoras a convertirse casi en sus propias madres y padres. Comprendemos que, en este punto, lo que a nosotros no nos hacía sentir cómodos, era una ayuda tremenda para otras familias con circunstancias distintas. De todas formas, como se suele decir, “hablando se entiende la gente”. La buena comunicación con el profesorado permitió que se aclararan todas las dudas.
  2. El segundo punto tiene que ver con la parte práctica. En estos dos años, no vimos demasiado avance en nuestra hija. Al contrario, veíamos que se saturaba. En vacaciones notábamos que daba saltos en su expresión (que es lo que más le cuesta), y en su comportamiento. Como comenté más arriba, nuestra hija tiene diagnosticado un retraso madurativo. En la parte académica está muy por debajo de un 1º de la ESO. Sabe leer, escribir, y tiene comprensión lectora. Pero las matemáticas y demás materias le cuestan mucho. Puede contar, y sumar y restar con esfuerzo. En su vida personal, sin embargo, no manifiesta muchos problemas. Tiene autonomía personal, es trabajadora, obediente… Es decir, su deficiencia es sobre todo académica. Claro, el aula ENCLAVE está centrada precisamente en ayudar a los niños a que tengan autonomía personal. Al igual que en el punto anterior, nuestra sensación es que las clases no le ayudaban mucho, pero entendemos que para otros niños, eran vitales. 

Como le comentábamos a la directora del centro y al orientador en una reunión reciente, comprendemos que no hay entorno ideal para nuestra hija. Meterla en una clase de 1º de la ESO hubiese sido una locura, y mandarla a un centro de educación especial tampoco era lo mejor. El aula ENCLAVE fue, sin duda, la mejor opción con diferencia. 

Estamos muy agradecidos por todo el esfuerzo que se hizo estos dos años, la verdad. 

Ahora, con 16 años, y dado que no tiene obligación legal de seguir asistiendo a clase, hemos decidido no renovar matrícula. Nos dieron la opción de que vaya a FP adaptada, pero al menos este año vamos a cambiar de estrategia. Aprovechando que mi mujer no trabaja, ella se encargará de la parte práctica. De hecho, ya está cocinando algunas recetas, y le iremos enseñando a manejarse totalmente sola. Al mismo tiempo, a partir de septiembre, le daremos algún tipo de apoyo adicional. Seguramente yo me involucre más y le de clases de las materias que más le cuesta. También estamos valorando alguna formación práctica que no conlleve clases con un horario lectivo. Quizá alguna academia, clases online, o similar. Como tiene varios años para solicitar la FP adaptada, lo valoraremos de nuevo según vaya su progreso. 

Espero que nuestra experiencia sirva a otros padres para tomar una decisión. Si pudiera resumir nuestras sensaciones, me quedaría con los siguientes puntos:

  • La enseñanza en España, aún con sus deficiencias y limitaciones, es un auténtico lujo. Dejémonos guiar por los profesionales. Sobre todo, de aquellos que se implican en su trabajo. Es bueno consultar y tener varias opiniones.
  • La implicación de los padres es esencial. Asiste a todas las reuniones de padres, conoce a los profesores de tus hijos, habla con tus niños. Agradece el trabajo de los educadores y demás profesionales implicados. La escuela no es un mundo aparte, sino una extensión de la educación que los niños reciben en casa. Si trabajamos en equipo, todo va mejor.
  • Sigue aprendiendo. No podemos pretender que nuestros hijos hagan lo que nosotros no hacemos. Debemos poner el ejemplo al seguir aprendiendo constantemente. Personalmente no estoy a favor de que los niños tengan demasiados “deberes”. Sin embargo, esos ratos en los que estudiamos juntos pueden ayudar muchísimo a nuestros hijos, sobre todo si ven nuestro interés genuino.

Y sobre todo, lo más importante, más allá del progreso académico, es mostrar amor y respeto. Nuestros hijos no deberían perder jamás su amor propio. Deben sentir que confiamos en ellos y que les queremos.


Dos artículos enfrentados y la experiencia de una familia a la que le merezco muchísimo respeto. A partir de aquí, tú decides.

Muchísimas gracias Jaír. Eres una grandísima persona y estoy complemente seguro que tu mujer y tú lideráis una FAMILIA maravillosa. Vuestra hija no podría tener mejor madre y mejor padre. Muchísimas gracias por vuestra sinceridad y valentía!!!

Con el post de hoy me despido hasta septiembre. Hoy no solo te deseo un feliz miércoles, también un FELIZ VERANO 2021.

Raül

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