Hay algo que decía Séneca hace un montón de años:

«Pero fíjate en otra cosa: y es que leer muchos autores y toda clase de libros tiene algo de errante e inestable. Conviene que te centres y te alimentes solo de algunos, si de ellos quieres sacar algo que permanezca fielmente en tu alma. El que está en todas partes no está en ninguna. Los que se pasan la vida residiendo en tierras extrañas son recibidos siempre como huéspedes y no como amigos, y lo mismo le ocurre necesariamente al que, en vez de consagrarse al trato con uno solo a fondo, los lee a todos deprisa y corriendo.

El alimento no aprovecha, no lo asimila el cuerpo, si es arrojado tan pronto como se toma; nada impide tanto sanar como el cambiar frecuentemente de remedio; no llega a cicatrizar la herida en la que constantemente se aplican curas; no adquiere fuerza el retoño que a menudo se trasplanta; no hay nada que sea tan eficaz que, solo de pasada, ya surta efecto. La multitud de libros distrae; por consiguiente, como no puedes leer tantos libros como tengas, te ha de bastar tener los que leas.»

Efectividad personal

Como ingeniero de organización industrial, la mal llamada “gestión del tiempo” esta muy presente en mi día a día. Llámala “gestión del tiempo”, “productividad personal” o como últimamente se suele llamar “efectividad personal” (conceptos y diferencias en ESTE Posdcast de Kenso). He leído muchos libros de esta temática, posiblemente demasiados. He realizado varios cursos, posiblemente también demasiados.

Después de probar varios sistemas, y desde hace casi 2 años, mi método de trabajo se basa en GTD. Me funciona bien, me atrevo a afirmar que me funciona muy bien. Además, con la reciente incorporación de la Inspección Educativa al proyecto funcion@GVA y la posibilidad de utilizar todas las herramientas de Office365, la integración método-APPs es redonda.

Ha llegado el punto en el que creo haber alcanzado un pico, al menos a nivel local, en referencia a mi efectividad personal. Tras haber interiorizado el método GTD me centré en estrategias para sacarle el máximo partido al tiempo. La solución, al menos desde mi punto de vista, es la “focalización” (te recomiendo ESTE LIBRO de Cal Newport). De cualquier modo, por muy bien que gestione y ejecute las tareas, tengo la sensación de que conforme se incrementa mi efectividad se incrementa también el número de tareas. Es como si la efectividad personal atrajera más tareas, y además lo hiciera de forma exponencial.

Trabajar duro es importante, pero más esfuerzo no necesariamente produce más resultados.

Esencialismo

Esta situación me ha llevado a profundizar sobre el esencialismo: «menos, pero mejor»

Tal y como apunta Greg McKeown y su libro Esencialismo: logra el máximo de resultados con el mínimo esfuerzo:

 «Solo cuando te das permiso de dejar de hacerlo todo, de dejar de decir que sí a todos, puedes hacer tu mayor contribución a las cosas que realmente importan».

¡Si tú no estableces las prioridades de tu vida, alguien lo hará por ti!

El esencialismo consiste en invertir de la manera más inteligente posible el tiempo y la energía para dar nuestra mayor contribución al hacer solo lo esencial.

Hace unos meses que reflexiono respecto de los principios del esencialismo. Cada día intento poner más en práctica los siguientes pasos:

  1. Exploro y evalúo para identificar aquellas tareas que más puedan contribuir a mi propósito de vida.
  2. Elimino las tareas que no son esenciales, es decir, aquellas actividades que no representan un nivel de contribución alto no entran en mi ToDo. Como dice Peter Drucker: “las personas son efectivas porque dicen NO, porque dicen ESTO NO ES PARA MÍ”.
  3. Ejecuto las cosas esenciales eliminando obstáculos y aplicando el principio “menos pero mejor”. Es decir, intento lograr el mayor impacto posible en cada momento de mi vida. Como escribió la poeta Mary Oliver: “Cuéntame, ¿Qué es lo que planeas hacer con tu única, libre y preciosa vida?”

Aunque quizá no siempre tengamos control sobre nuestras opciones, siempre tenemos control sobre la manera en que elegimos entre ellas. Y es que las opciones son algo que te pueden quitar, pero nunca podrán quitarte la capacidad subyacente de elegir.

«La capacidad de elegir no es algo que alguien te pueda quitar, ni siquiera que puedas ceder… lamentablemente es algo que puedes olvidar». Greg McKeown

Y es que a veces, lo que no haces es tan importante como lo que haces. Como ha escrito John Maxwell: «No puedes subestimar la falta de importancia de prácticamente todo».

Por mucho que queramos, por mucho que perfeccionemos nuestra eficacia personal, no podemos hacerlo todo.

Espacio para soñar

Toda esta filosofía me ha llevado a decir que NO a varias propuestas laborales. Cuando digo NO a algo estoy diciendo SÍ a otras cosas: a jugar a ajedrez con Roger, a montar puzles con Queralt, a ir a comer con María, a salir a correr con Bala, a participar en un seminario del Proyecto Roma,…

Estos últimos meses intento responder a la pregunta: ¿En qué quiero ser grande? Para ello es necesario distinguir las pocas cosas esenciales de las muchas triviales, necesito espacio para escapar y focalizarme. Y es que cuanto más rápida y llena de ocupaciones sea nuestra vida, más tiempo necesitamos para reflexionar y enfocarnos de verdad.

Totalmente de acuerdo con Albert Einstein cuando escribió: «Cuando me examino a mí y a mis métodos de pensamiento, llego a la conclusión de que el don de la fantasía ha significado más para mí que mi talento para absorber el conocimiento positivo».

He detectado que los últimos años se ha reducido mi nivel de creatividad. Creo que ha llegado el momento de invertir en mi mismo y con esto me refiero a mi mente, cuerpo y espíritu. No se trata de realizar otro curso, ni de estudiar ningún máster. Estoy hablando de darme tiempo, de jugar, de simplemente no hacer nada. Estoy convencido que el “no hacer nada” es la medida que más contribuirá a incrementar mi nivel de creatividad.

Por tanto, a partir de ahora:

Si no es un SÍ evidente, entonces será un NO evidente.

Termino el post de hoy con una reflexión de Greg McKeown:

«Una vez de conviertas en esencialista, te darás cuenta de que no eres como todos los demás. Cuando otros digan que sí, tú te verás diciendo que no. Cuando otros estén haciendo, tú te encontrarás pensando. Cuando otros estén hablando, tú estarás escuchando. Cuando otros estén bajo los reflectores, luchando por la atención, tú estrás esperando tras las bambalinas hasta que llegue el momento de brillar. Mientras otros estén abultando sus currículos y desarrollando sus perfiles de Linkedin, tú estarás construyendo una carrera profesional con significado. Mientras otros se estén quejando (léase: presumiendo) sobre que tan ocupados están, tú simplemente estarás sonriendo con compasión, siendo incapaz de identificarse con lo que dicen. Mientras otros estén viviendo una vida de caos y estrés, tú estarás viviendo una vida de impacto y realización… Vivir como esencialista en nuestra sociedad es un acto de revolución silenciosa».

Feliz miércoles,

Raül Solbes

Imagen destacada de Devanath en Pixabay