Educación-formación a distancia y estado de alarma.

La educación o formación a distancia requiere de planificación, recursos técnicos, perfilado de alumnado, capacitación digital del profesorado,… Además, en la formación a distancia convencional el apoyo al alumnado lo realiza directamente el profesorado y no sus familiares. Administración, profesorado, alumnado y familias deben ser conscientes de estas premisas. Vivimos una situación excepcional y por tanto, debemos ser prudentes, comprensivos y dar lo mejor de cada uno de nosotr@s para que el proceso de enseñanza y aprendizaje se desarrolle de la mejor forma posible.

Lo más probable es que el estado de alarma derivada del COVID-19 se alargue más allá de los 15 días inicialmente anunciados (¿Hasta después de Semana Santa?). Es necesario que nos pongamos manos a la obra y que tod@s l@s docentes reflexionemos sobre lo que hemos hecho hasta el día de hoy. Han pasado tres días lectivos (hoy será el cuarto), pero todo apunta a que nos quedan muchos más por pasar. No se trata de ser pretenciosos y estructurar el proceso de enseñanza y aprendizaje como si de una formación 100% a distancia se tratara, pero sí que debemos asimilarlo lo máximo posible a la formación a distancia convencional.

Recuerda que en el post que publiqué el pasado lunes te facilité el acceso al curso “Herramientas para la formación a distancia“.

Premisas básicas.

Cada nivel educativo tiene su idiosincrasia, lo que implica la necesidad de utilizar diferentes estrategias didácticas en función de la edad del alumnado. En cualquier caso, cuando hablamos de educación/formación a distancia, todas las etapas educativas deberían cumplir dos premisas básicas:

  1. El alumnado tiene que contar con tareas curriculares durante gran parte de la mañana. Debemos aproximar lo máximo posible a las tareas que realizaríamos en modalidad presencial, es decir, el alumnado debería tener una dedicación media a tareas escolares que oscile entre las cuatro y las cinco horas diarias.
  2. El profesorado debe comunicarse con su alumnado (o con sus familias, en función del nivel educativo que se trate), al menos dos veces por por semana.
    • La primera para establecer un plan semanal de actividades y en su caso, unas orientaciones básicas para que las familias puedan desarrollarlas (infantil, primaria y educación especial). Obviamente en esta primera comunicación es imprescindible facilitar los recursos necesarios para desarrollar las actividades y también dejar claros los objetivos de aprendizaje que se pretenden conseguir.
    • La segunda comunicación debería centrarse en resolver dudas, recoger actividades para evaluar y aportar feedback.
    • En la medida de las posibilidades, se debería realizar, al menos, una comunicación síncrona (videoconferencia) de forma quincenal. Esta videoconferencia no debería durar más de treinta minutos y debería centrarse en aspectos fundamentales y en la resolución de las dudas más importantes. Se trata de aportar cercanía, de que el alumnado sepa que estamos a la otra parte de su pantalla.

Obviamente se requieren herramientas informáticas para llevar a la práctica estas premisas básicas.

Plan MULAN.

Cada Administración educativa ha facilitado sus propios recursos. En el caso de la Comunidad Valenciana se ha propuesto eL PLAN MULAN (Modelo Unificado Lectivo de Actividades No presenciales).

Este plan propone la utilización de cuatro herramientas informáticas:

  1. Las páginas web de los centros educativos.
  2. El portal Web Familia (WF2).
  3. El portal AULES.
  4. El portal de videoconferencias Webex.

Además, con el objetivo de no colapsar el sistema informático, se propone la siguiente distribución de herramientas por etapas:

  • En educación infantil y en educación primaria: la web de centro y el portal Web Familia.
  • En ESO y FP básica: AULES y el portal Web Familia.
  • En bachillerato, FP y enseñanzas de régimen especial: AULES y WEBEX.

Coordinación y coherencia docente.

En cualquier caso e independientemente de los recursos y herramientas informáticas, es indispensable que los equipos docentes se coordinen. La labor del equipo directivo, las comisiones de coordinación pedagógica y el resto de coordinaciones de los centros educativos deben establecer pautas comunes de actuación, y éstas deben ser claras y concisas para todo el profesorado.

  • Estandarizar formatos y procedimientos: documentos, actividades, evaluación, comunicación, videoconferencias, uso de foros,…
  • Propuesta de horario de trabajo para el alumnado y horas de atención síncrona entre profesorado y alumnado.
  • Número mínimo de actividades para evaluar, distribución y periodicidad de recogida.

Me constan muy buenas iniciativas por parte del profesorado, pero debemos procurar no hacer la guerra por nuestra propia cuenta. Se trata de trabajar de forma colaborativa. Si no nos coordinamos acabaremos solapando horarios, pidiendo al alumnado más (o menos) actividades de las necesarias,… Sin coordinación seremos ineficientes a nivel general, incluso puede darse el caso que nuestra buena intención llegue a ser contraproducente. Tampoco se trata de enviar recursos a diestro y siniestro. La labor docente debería centrarse en realizar una exquisita curación de contenidos, es decir, en facilitar los recursos de calidad necesarios y en proponer las actividades y tareas justas para que el alumnado pueda interiorizar que se pretenda en cada caso.

En una guerra convencional el ejército está en primera línea de combate. En la guerra que libramos ahora, la primera línea la ocupa fundamentalmente el personal sanitario. Nosotr@s, l@s docentes, nos encontramos en lineas atrasadas, pero importantes también y más aún si esta situación se alarga. Nuestra labor no solo se centra en el desarrollo del currículum sino también en facilitar el empleo útil del tiempo de cuarentena.

Cuídate,

Raül

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