Barcelona, 4 de enero de 1387

Había mar brava; el cielo era gris plomo. En la playa, hombres de los astilleros, los barqueros, los marineros,…

(…)

Barcelona, septiembre de 1423

… hizo volver a Hugo a la realidad. Se estremeció, conmovido de ver que Mercedes reía y lloraba a la vez, en una explosión de sentimientos, cuando intentaba ayudar a su hijo mientras él espantaba las moscas  que volaban a su alrededor y se le ponían sobre el azúcar que tenía pegado en la cara.


Así empieza y así termina “Los herederos de la tierra“, la última y formidable novela de Ildefonso Falcones. Justo ayer terminé de leerla y como siempre me ocurre (seguro que a ti también), me embriagó una sensación tremendamente contradictoria: por un lado, quería terminar de leerla y saber como acababa la historia; por otro, no quería que se terminara nunca, pues  seguir los devenires de la vida de Hugo (el protagonista) me ha hecho pasar momentos maravillosos.
Hoy tenía la intención de escribir sobre otra temática, pero el hecho de terminar esta fantástica  novela junto con la formidable resaca del curso “Proyecto Roma” (AQUÍ tienes una pequeña crónica) me han “obligado a centrarme en el AMOR, pues como afirma Morrie Schwartz a Mitch Albom (“Martes con mi viejo profesor“):


  • Morrie: ¿Te he hablado de la tensión de los opuestos?
  • Mitch: ¿La tensión de los opuestos?
  • Morrie: La vida es una serie de tirones hacia atrás y hacia delante. Quieres hacer una cosa pero estas obligado a hacer otra diferente. Algo te hace daño, pero tú sabes que no debería hacértelo. Das por supuestas ciertas cosas aunque sabes que no deberías dar nada por supuesto. Es una tensión de opuestos, como una goma elástica estirada. Y la mayoría de nosotros vive en un punto intermedio.
  • Mitch: Algo parecido a un combate de lucha libre.
  • Morrie: Un combate de lucha libre – dice, riéndose – Sí, la vida podría describirse así.
  • Mitch: ¿Qué bando gana entonces?
  • Morrie: ¿Que qué bando gana? – sonríe, con sus ojos llenos de arrugas, con sus dientes torcidos – Gana el amor. El amor gana siempre!

Reproduzco textualmente otra afirmación de Morrie (el profesor):
Son muchas las personas que van por ahí con una vida carente de sentido. Parece que están medio dormidos, aun cuando están ocupados haciendo cosas que les parecen importantes. Esto se debe a que persiguen cosas equivocadas. La manera en que puedes aportar un sentido a tu vida es dedicarte a amar a los demás, dedicarte a la comunidad que te rodea y dedicarte a crear algo que te proporcione un objetivo y un sentido.


Ya lo comenté en una de las entradas que escribí relacionadas con la gestión del tiempo, concretamente en ESTA:
MisionPersonal
Afirmación que ahora reescribiría del siguiente modo:

Ten clara y siempre presente tu MISIÓN PERSONAL, alíneala con aquello que hagas y hazlo con AMOR.


Seguro que te estarás preguntando:

¿Qué relación tiene la novela “Los herederos de la tierra”, la resaca del curso “Proyecto Roma”, y el AMOR?

Pues lo explico rápidamente:
Hugo, el protagonista de la última novela de Ildefonso Falcones, pasa una vida de notables altibajos, una vida repleta de duras penurias, de las que es capaz de reponerse gracias al AMOR. No solo el amor que existe entre ambas partes de una pareja, sino también el amor que existe entre padres e hijos, e incluso el amor que puede llegar a fluir por algo que realmente te apasiona (en el caso del Hugo: el vino y el cuidado de la tierra que permite producirlo).
Los_herederos_de_la_tierra
En cuanto al curso “Proyecto Roma” celebrado la pasada semana, podría enumerar muchísimos ejemplos donde es posible identificar la importancia del AMOR. Ahora bien, me quedo con una de las muchas anécdotas que nos contó Teresa Sánchez (maestra de educación infantil en Málaga y firme defensora de la filosofía “Proyecto Roma”). Y es que Teresa, en una de las muchas escuelas en la que ha trabajado, se entrevistó directamente con el director para pedirle que, bajo ningún concepto, se excluyera a ninguna niña o niño de su grupo de clase, independientemente de la excepcionalidad que tuviera, pues cuando mayor fuera esa excepcionalidad, más podría crecer ella como persona y como profesional, y además, mayores serían las oportunidades de aprendizaje del resto de niñas y niños. Teresa (la inclusiva, así la llamaban) en todas sus intervenciones irradiaba AMOR. AMOR por su trabajo, AMOR por sus niñas y niños. Precisamente es este sentimiento quien la hace grande como persona y como profesional.
projecteromacocentaina2017
Termino hoy con un consejo sencillo:
Amor
Como dice Morrie: “El amor gana siempre”.
Pasa un miércoles fantástico,
Raül

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