Buenas tardes amig@s,
Hoy compartiré con vosotr@s el ilustrativo decálogo que propone Sánchez (2006, p156) como guía de comportamiento para un director o líder de equipo de trabajo:

  • Apoyarse más en la autoridad moral y competencia profesional que en el poder formal.
  • Liderar con inteligencia emocional.
  • Respetar la dignidad personal y profesional de los colaboradores.
  • Tener presencia auténtica en las relaciones.
  • Transparencia.
  • Impulsar la interdependencia y la cooperación, el espíritu de equipo, hacer equipo.
  • Ayudar al desarrollo de las habilidades personales, sociales y profesionales.
  • Mediar de forma neutral en los conflictos que dificulten el trabajo.
  • Facilitar tareas que incrementan el desafío, estimular el desarrollo potencial de cada miembro y favorecer la autorrealización.
  • Recordar cómo el trabajo de los miembros contribuye al logro de los objetivos generales de la organización.

Parecen pautas básicas, pero supongo que estaréis de acuerdo conmigo cuando digo que son muy difíciles de poner en práctica de forma simultanea y ante cualquier situación.
Fijaros que hoy en día, han cambiado los trabajos, los roles, los alumnos, los trabajadores, la dirección y las formas de motivar. Se ha pasado de una motivación basada en elementos externos o extrínsecos a otra en la que predominan los elementos intrínsecos o trascendentes; de una motivación para que el trabajador (alumno – subordinado) «cumpla» a otra donde, además de cumplir, el trabajador (alumno – subordinado) se integre en la organización (escuela), se comprometa, tenga iniciativa, orgullo de pertenencia y esté satisfecho.
Ahora a prácticar, pues al fin y al cabo, todo profesor y profesora, sea directivo o no, es un director de equipo, porque con su alumnado constituye un equipo!!!!
Buenas Pascuas,

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