Evaluación y trabajo por competencias

Buenos días,

Siguiendo en la misma temática de la última entrada de mi blog, en esta continuaré reflexionando en torno de las competencias, pero en esta ocasión, me centraré en su evaluación y desarrollo.

“¿Estoy evaluando correctamente a mis alumnos?”

Esta es una pregunta que solemos hacernos muchos docentes. Voy un poco más allá. Si estamos trabajando por competencias, podríamos preguntarnos:

“¿Estoy evaluando correctamente las capacidades de mis alumnos? ¿Cómo lo hago?”

Bien, fijémonos en la pirámide que propone Miller:

Pirámide de Miller

Si reflexionamos en torno a esta pirámide, desde mi punto de vista, y partiendo de un prisma puramente educacional y enfocado a la formación profesional, me atrevo a afirmar que estaremos evaluando “correctamente” a nuestros alumnos y alumnas si comprobamos que ellos son capaces de:

  1. Hacer una determinada tarea (cuarto y último escalón de la pirámide).
  2. Explicar lo que han hecho (segundo escalón de la pirámide).

Desde mi humilde punto de vista, si somos capaces de evaluar y comprobar que el alumnado cumple estos dos ítems, entonces podemos tener la certeza que su evaluación por competencias será correcta.

“¿Y cómo desarrollamos esta evaluación?”

Pues a través de ejercicios prácticos que conlleven la reflexión crítica de lo que se está haciendo. Se trata de desarrollar el conocimiento propio del alumnado, la reflexión de aquello que hace y la adaptación a la realidad (desarrollo de la metacognición).

“OK, me queda claro como debo evaluar por competencias, pero ¿cómo trabajo por competencias?”

Pues bien, tal y como ya he adelantado en otra entrada de blog el trabajo por competencias debe empezar en el propio alumno/a. Partiendo de esta premisa y teniendo en cuenta la reflexión que he realizado respecto a la pirámide de Miller, el trabajo por competencias debe empezar con una práctica real. Es decir, inicialmente no debemos explicar nada de nada, debemos plantear una situación real y el alumnado deberá intentar resolverla. Nuestro papel será guiarle en este camino de “autoaprendizaje”. Debemos explicar de forma dosificada los conceptos necesarios, pero según se nos pidan estas explicaciones, y siempre, siempre, siempre, desde un enfoque reflexivo y crítico. Al final, el aprendiz debe saber resolver la práctica real (el problema), demostrándolo a través de la solución que aportará, pero también, explicando y reflexionando al respecto de aquello que ha hecho. Al final de todo, habrá adquirido unos conocimientos, pero sin que éstos sean lo más importante, sin que el aprendiz se de cuenta de ello.

Vamos, se trata de conseguir un giro de 360º respecto al sistema de enseñanza que “habitualmente” y “tradicionalmente” se emplea en las aulas.

El profesorado debe ser guía, y basar su estrategia en la pedagogía por proyectos y el enfoque basado el problemas. Por su parte, el alumnado debe ser responsable de su aprendizaje, y si no lo es, entonces aparece el auténtico reto docente: “motivar al alumnado para el aprendizaje”, “utilizar un sistema más guiado para el alumnado menos motivado”.

Con esta propuesta permitiremos el desarrollo de la creatividad, algo que propone con fuerza nuestro aprecidado gurú educativo Ken Robinson.

“Ale” amigos, ahora a reflexionar y a criticar de forma constructiva, ok?

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