Ya me lo habían advertido: leer La Tabla Rasa, de Steven Pinker, me causaría una importante disonancia cognitiva. Es lo que nos suele ocurrir a quienes hemos crecido y trabajado defendiendo el constructivismo cuando, de pronto, nos asomamos a las evidencias de la psicología evolucionista. A pesar de esa advertencia —o quizás precisamente por ella—, también me aseguraron que me apasionaría. Y así ha sido. Este libro ha cuestionado varias de mis creencias más arraigadas y se ha convertido en la lectura que más he disfrutado en 2025. No es que ahora deseche todos los postulados constructivistas, ¡por supuesto que no! Gracias a esta lectura me he vuelto un poco más escéptico.
¿Quién es Steven Pinker?
Para entender el calado de esta obra, es necesario situar al autor. Steven Pinker (Montreal, 1954) es uno de los psicólogos cognitivos y lingüistas más influyentes de nuestro tiempo. Catedrático en la Universidad de Harvard y referente de la psicología evolucionista. Pinker ha dedicado su carrera a tender puentes entre las ciencias biológicas y las humanidades.
Con un característico optimismo racionalista, defiende la existencia de una naturaleza humana frente al constructivismo social extremo. Su tesis es clara: nuestras facultades mentales —desde el lenguaje hasta la moral— tienen una base biológica moldeada por la evolución. Su bibliografía es tan extensa como brillante, con títulos como El instinto del lenguaje (1994), Cómo funciona la mente (1997), Racionalidad (2021), o su trabajo más reciente: Cuando todos saben que todos los saben (2026).
Una obra en seis actos
La Tabla Rasa no es solo una crítica; es un tratado exhaustivo que Pinker organiza en seis bloques fundamentales:
- (1) La tabla rasa, el buen salvaje y el fantasma en la máquina.
- (2) Miedo y recelo.
- (3) La naturaleza humana con rostro humano.
- (4) Conócete a ti mismo.
- (5) Sectores en disputa.
- (6) La voz de los genes.
En este primer artículo, quiero detenerme en los tres primeros bloques. Son la base sobre la que se asienta todo su pensamiento y los que, a nivel pedagógico, suponen un giro de 180 grados en la forma constructivista de entender el aprendizaje.
1. Los tres «mitos» de la modernidad
Pinker comienza desmantelando lo que denomina la «doctrina oficial» de las ciencias sociales modernas. Estos tres pilares han sostenido gran parte de la pedagogía y la política del siglo XX:
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La tabla rasa: La noción de que la mente humana carece de una estructura innata. Según esta idea, somos puro producto de nuestras experiencias y del entorno. Para un educador, esta metáfora es seductora porque nos otorga un poder absoluto para «escribir» en el alumnado, pero ignora la riqueza del equipaje biológico con el que cada niño y niña nace. Pinker afirma que pensar que la mente humana es una tabla rasa es como pensar que un reloj da la hora mediante una facultad «horológica», sin necesidad de ningún mecanismo interno.
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El buen salvaje: La creencia romántica de que nacemos buenos y pacíficos, y que es la civilización la que nos corrompe. Pinker argumenta que nuestra herencia biológica incluye tanto la cooperación como la competitividad; negarlo es ignorar la complejidad de nuestra especie.
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El fantasma en la máquina: La idea dualista de que la mente (o el alma) es algo separado del cuerpo físico y que puede tomar decisiones de forma totalmente independiente a nuestra biología cerebral. Esta teoría postula que la sociedad puede modular el comportamiento de cualquier persona.
La genética y la neurociencia demuestran que no siempre se puede culpar de un corazón siniestro a los padres o a la sociedad.
Steven Pinker
El autor enumera «las pruebas de la naturaleza humana compleja» para demostrar que no nacemos con una tabla rasa:
- (1) La plasticitat del cerebro permite convertir las entradas de información en aprendizaje. No puede haber aprendizaje sin mecanismos innatos para ello, pues existen un nombre infinito de combinaciones de entrada de información, pero las personas realizan la combinación adecuada para obtener significado.
- (2) Los estudios antropológicos demuestran que existen centeneras de universales que pertenecen a todos los aspectos de la experiencia y se encuentran en todas las culturas: ganas de comer alimentos grasos, deseo de estatus social...
- (3) La ciencia cognitiva y la psicología demuestra que existen determinados procesos y aspectos del conocimiento que empiezan a funcionar durante los primeros años de vida: comprensión básica de objetos, las caras, el lenguaje...
- (4) El genoma humano tiene una gran cantidad de información para guiar la construcción de un organismo complejo. Existen genes vinculados a aspectos concretos de la cognición, el lenguaje, la personalidad...
- (5) La neurociencia demuestra que la arquitectura básica del cerebro se desarrolla bajo el control genético. El aprendizaje y la plasticidad son importantes, pero existen signos que muestran una especialización innata de determinadas partes del cerebro.
2. Miedo y recelo: ¿Por qué nos asusta la biología?
En el siglo XX la tabla rasa se convirtió en una doctrina sagrada y cualquier propuesta que la cuestionara era fuertemente rechazada (violencia moral).
Los pensadores «radicales» quedaron atrapados en su propia actitud moralizante. Una vez anclados en la fácil tesis de que el racismo, el sexismo, la guerra, y la desigualdad política son objetivamente incorrectos porque no existe naturaleza humana (en oposición a ser moralmente despreciables, independientemente de la naturaleza humana), todo descubrimiento sobre la naturaleza humana equivalía, según su razonamiento, a afirmar que, después de todo, esos azotes no eran tan malos. Con ello se hacía más apremiante desacreditar a los herejes que realizaban tales descubrimientos.
Steven Pinker
Pinker argumenta y ejemplifica cómo las posturas extremas de izquierda y de derecha, de ámbito científico, pero asociadas a movimientos morales, se han aferrado a la tabla rasa, el buen salvaje y el fantasma de la máquina y han desacreditado, a veces de manera muy violenta, las propuestas biológicas.
3. La naturaleza humana con rostro humano
El autor defiende que es la cultura moral la que nos hace juzgar al individuo (racismo, sexismo...) y en ningú caso la característica del ser humano.
El nazismo y el marxismo compartían el deseo de reconfigurar la humanidad. «Es necesaria la transformación de los hombres a escala masiva», decía Marx; «la voluntad de crear la humanidad de nuevo» es el núcleo del nacionalsocialismo, dijo Hitler. Para los nazis, el conflicto era el darwinismo social; para los marxistas, la lucha de clases. Para los nazis, los destinados a la victoria eran los arios; para los marxistas, el proletariado.
Steven Pinker
Los productos de la evolución no tienen que ser moralmente encomiables y, por lo tanto, aceptar un hecho natural no tiene que implicar que lo aprobemos. Por ejemplo, es natural la tendencia promiscua del hombre sobre la mujer, pero esto no significa que culturalmente tengamos que aprobarlo.
Pinker disecciona con precisión quirúrgica por qué nos produce tanto rechazo admitir que somos seres biológicos. A menudo, confundimos explicar un comportamiento con justificarlo éticamente. Estos son los cuatro miedos que analiza:
- (1) El miedo a la desigualdad: Nos aterra pensar que, si la mente tiene una estructura innata, las diferencias entre personas sean reales y no solo sociales. Sin embargo, Pinker es muy lúcido al respecto: «La desigualdad no es necesariamente un reflejo de la injusticia, sino que puede ser una consecuencia natural de las diferencias individuales en talentos y preferencias». La igualdad debe ser un principio político y moral de derechos humanos, no una premisa de identidad biológica.
- (2) El miedo a la imperfectibilidad: Existe la angustia de que, si somos biológicamente limitados, no podamos progresar. Pinker sostiene que reconocer nuestra «imperfectibilidad nos ayuda a diseñar instituciones más realistas y efectivas». No podemos construir una sociedad mejor si ignoramos los sesgos y límites reales de nuestra especie.
- (3) El miedo al determinismo: Si mi conducta tiene raíces biológicas, ¿soy responsable de mis actos? Pinker aclara que la biología propone, pero la cultura y la ética disponen. Por ejemplo, aunque existan tendencias biológicas hacia ciertos comportamientos —como puede ser la búsqueda de múltiples parejas o la competitividad agresiva—, eso no significa que culturalmente debamos validarlos o fomentarlos. La responsabilidad moral sigue siendo nuestra.
- (4) El miedo al nihilismo: El temor a que la ciencia, al explicar nuestras emociones como procesos biológicos, nos arrebate el sentido de la vida. Al contrario, Pinker argumenta que comprender nuestra naturaleza nos da una base más sólida y honesta para construir valores.
Aceptar que no somos una «hoja en blanco» no es una derrota para la pedagogía, sino una oportunidad para hacerla más humana y precisa. Pero, ¿cómo afecta esto a nuestra autopercepción y a los grandes conflictos sociales de hoy?
La semana que viene, en la segunda parte de esta serie, compartiré contigo mis anotaciones de las partes finales del libro: desde el autoconocimiento hasta los sectores más polémicos en disputa, cerrando con una reflexión global.
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