Cerré 2018 con la lectura de más libros de los que inicialmente pensaba que podría leer. Algunos de ellos fueron novelas de entretenimiento y otros tantos fueron de esos catalogados como de desarrollo personal y/o profesional. De uno de los libros que clasificaría en este último bloque te escribo hoy. Un libro propuesto por Miguel López Melero y que el seminario “Proyecto Roma” de Alcoy y comarca estamos leyendo y debatiendo.

Tiempos de pruebas: los usos y abusos de la evaluación

portadalibro
El año pasado profundicé en el concepto de “evaluación“, de ello dan cuenta las entradas publicas en 2018, muchas de ellas en colación a este concepto. La verdad es que cada vez me doy más cuenta de cuanto tenemos que aprender los docentes en torno a la evaluación. Me atrevería a afirmar que se trata de un tema pendiente para la mayoría de docentes. De hecho, las consultas relacionadas con la evaluación son las más comunes en mi día a día, así que prometo estudiar y profundizar aún más en esta temática.
A diferencia de lo que hice con “Evaluar para conocer, examinar para excluir“, el libro objecto de la entrada que tienes delante no lo voy a desgranar en una única entrega. En la de hoy intentaré dar una visión general de sus primeros cuatro capítulos y en futuras reflexiones me centraré en la segunda mitad del libro.

De entrada te recomiendo su lectura; me ha perecido un libro fantástico.

AQUÍ tienes acceso directo a la Web de la editorial

Empiezo…


gordon_stobart

El autor

Gordon Stobart es catedrático de Educación en el Instituto de Educación de la Universidad de Londres, y director de la revista internacional “Assessment in Education“, así como miembro del “Assessment Reform Group“. Sus conocimientos en esta materia están totalmente acreditados por su brillante currículum!!!
El libro se divide en un total de ocho capítulos:

  1. Evaluando la evaluación.
  2. Los test de inteligencia: como crear un monstruo.
  3. El movimiento de oposición: inteligencias múltiples e inteligencia emocional.
  4. El atractivo de los estilos de aprendizaje.
  5. La “titulitis“: ¿aún contagiosa después de tanto tiempo?
  6. La larga sombra de la rendición de cuentas.
  7. Razones para alegrarse: la evaluación para el aprendizaje.
  8. Recuperar la evaluación: responsabilizarnos de quienes somos.

Stobart defiende a capa y espada y con fundamentados argumentos que la evaluación:

  1. Es una actividad social marcada por valores y totalmente dependiente de las culturas.
  2. No mide objetivamente lo que hay, sino que crea y configura lo que se mide: es capaz de “componer personas”.
  3. Influye directamente en lo que aprendemos y en cómo lo aprendemos y puede limitar o promover el aprendizaje efectivo.

Según el autor, todas estas características otorgan a la evaluación una considerable autoridad y llevan a consecuencias constructivas o destructivas:

“Los usos y abusos de la evaluación”

La evaluación, en el amplio sentido de recabar pruebas con el fin de hacer un juicio, forma parta de la trama de la vida. Stobart aporta datos objetivos que permiten afirmar que las evaluaciones no solo se han utilizado para configurar la identidad individual, sino también para definir el estatus de profesionales y escuelas. Tras un análisis histórico el autor sostiene que las evaluaciones que ahora predominan en las aulas son descendentes directas de los intentos victorianos de mejorar la escuela utilizando los exámenes para controlar tanto la enseñanza como el currículum.

La evaluación no se produce de forma accidental, sino de una actividad social que tiene una finalidad. Las formas de evaluación que utilizamos también están socialmente determinadas y reflejan unas estructuras sociales

Gordon Stobart es tremendamente crítico con los test de inteligencia, pues consideran la inteligencia (y/o la capacidad) como algo puramente biológico. Para Stobart la inteligencia heredada no es una entidad sencilla, sino una predisposición compleja que depende del ambiente en cuanto a su forma de expresarse. De ahí que estemos atentos al efecto indirecto de múltiples fuentes genéticas y sus interacciones enormemente complejas. Claro ejemplo de ésto es el conocido “Efecto Pigmalion“.
La propuesta del autor es la siguiente:

La conducta inteligente tiene una base biológica; el elemento artificial está en que se considere como algo fijo y localizable. Las pruebas indican la presencia de diferencias de aprendizaje entre niños desde el nacimiento y de semejanzas entre los que comparten los mismos genes. Podemos decir que todo es explicable recurriendo al ambiente (…). Por tanto, la clave no es si heredamos algo, sino hasta qué punto es maleable y flexible esa herencia. Esto se refiere a la interacción de lo biológico y lo ambiental (…). Cuanto más extremo es el contexto ambiental, menor es el impacto genético”.

En referencia a la “capacidad” y la “inteligencia”, el autor afirma que no son la causa del rendimiento de un alumno o alumna, sino una forma del mismo, aspecto que también afirma Vygostky (el aprendizaje precede al desarrollo). “Por tanto, si la inteligencia y la capacidad son consecuencias de nuestro aprendizaje y de nuestras experiencias, pueden cambiar, por lo que el interrogante “¿hemos mejorado su inteligencia?” se convierte en una pregunta muy sensata“.
Aunque Stobart reconoce la notable mejora de otros enfoques como las inteligencias múltiples propuestas por Howard Gardner, la inteligencia emocional popularizada por Daniel Goleman y los estilos de aprendizaje propuestos por Rita Dunn, Kolb y otros autores, a todos ellos les saca un “pero”.

  • De las inteligencias múltiples, Gordon Stobart nos razona lo siguiente: “el aprendizaje es, en esencia, un proceso social, más que un “despliegue” biológico, por lo que el centro de atención deben ser estos procesos y no unas inteligencias inaccesibles que convierten al aprendiz en problema (…). El problema es que, en realidad, no se ha despojado el determinismo genético; simplemente, lo ha extendido de manera más liviana, permitiendo más variedad“.
  • En cuanto a la inteligencia emocional: “el mensaje de Daniel Goleman ha consistido en ignorar el Coeficiente Intelectual y centrarse en lo emocional. En este caso, el problema es la falta de claridad con respecto a lo que sea la Inteligencia Emocional, con la consecuencia de que lo que se infiere a partir de sus diversos instrumentos de evaluación puede inducir a error. Esto conduce a una clasificación poco fiable, sobre todo porque no tiene suficientemente en cuenta los factores situacionales”.
  • De los estilos de aprendizaje: “el peligro de este modelo es que los aprendices, sobre todo los que proceden de ambientes deprimidos, puedan quedar sometidos a una dieta de aprendizajes “básicos” táctiles y cinestésicos. Esta situación recuerda mucho a la oferta de un currículum y una pedagogía restringidos a unos alumnos de menor rendimiento, mientras que a los demás se les ofrece un currículum más general e interesante y un amplio repertorio de enfoques de enseñanza“. Rita Dunn sostiene que lo que determina que los estudiantes dominen el currículum no es el contenido, sino como se enseña ese contenido. Stobart replica a Dunn diciendo que tanto lo que se está aprendiendo como el propio aprendiz determinarán el estilo de aprendizaje.

En relación con los estilos de aprendizaje el autor nos presenta los enfoques de aprendizaje de Noel Entwistle, como un modelo complementario (no sustitutorio), pues ofrece ciertas intuiciones constructivas acerca de la mejor manera de incorporar lo situacional a los estilos de aprendizaje. Entwistle diferencia tres enfoques:

  1. El enfoque profundo, cuyo objetivo fundamental es desarrollar ideas por uno mismo.
  2. El enfoque superficial, que busca cumplir los requisitos mínimos de la asignatura, examen o prueba a superar.
  3. El enfoque estratégico, que pretende lograr las calificaciones más altas posibles

Stobart menciona un estudio en el que se demuestra que las exigencias de evaluación de las asignaturas eran a veces tan superficiales y basadas en el recuerdo que una respuesta estratégica “inteligente” era optar por enfoques superficiales, pues la comprensión profunda era inadecuada. Entwistle y sus colaboradores reconocen que los estudiantes que tiene “éxito” utilizan a menudo un enfoque estratégico que combina enfoques profundos y superficiales.
Mediante el análisis de los test de inteligencia, las inteligencias múltiples, la inteligencia emocional, los estilos de aprendizaje y los enfoques de aprendizaje, Gondon Stobart nos hace reflexionar sobre el poder de la evaluación para crear constructos y clasificaciones que se tratan después como si existieran de forma independiente, cuando en realidad no es así.
Con todos estos conceptos mi ebook me indicaba que el libro había llegado a su 45% y sinceramente, en ese momento tenía una sensación contradictoria. Por una parte me gustaba lo que leía, pues es un planteamiento constructivista muy serio y profesional, pero por otra me desilusionaba, pues hasta el momento no me ofrecía alternativa alguna. Llegué a pensar que Gondon Stobart era un “criticón”. Afortunadamente los siguientes capítulos me hicieron cambiar de opinión…
Y hasta aquí la primera entrega de este fantástico libro. En mi próxima entrada os presentaré la propuesta del autor:

“La evaluación para el aprendizaje”

Feliz miércoles,
Raül

IMAGEN DE DESTACADA TOMADA DE PIXABAY

Suscríbete a nuestra Newsletter

Introduce tu dirección de correo electrónico para seguir este Blog y recibir las notificaciones de las nuevas publicaciones en tu buzón de correo electrónico.

Te has suscrito correctamente!